Por: Betty Martínez Fajardo
El Sistema Normativo Wayuu, fue declarado por la Unesco en el año 2010 como Patriminio Cultural Inmaterial de la humanidad.
Su delgada figura recorrió cientos de kilómetros de su árida Guajira, siempre con su bastón, sus gafas y sombrero que dejaban ver a un hombre prudente con las expresiones necesarias para lograr un buen arreglo.

El pasado sábado 29 de junio, sus familiares y amigos lo acompañaron en su segundo entierro una ceremonia intima en un espacio propio donde una mujer wayuu separó sus huesos de la carne, los limpió de manera cuidadosa y los colocó en una vasija funeraria.
Fue en la madrugada, sus hijos, sobrinos, nietos, bisnietos y parientes contemplaron la ceremonia de un hombre sabio que viajó a Jepirra en su primer entierro y quien regresó a escuchar los cantos ceremoniales en su honor.
La vasija funeraria con sus huesos fue colocada en un chinchorro debajo de una enramada. Cuatro mujeres wayuu y dos hombres con sus rostros cubiertos lloraron nuevamente al sabio palabrero, antes de partir a la comunidad de Jupuu jurisdicción del municipio de Manaure donde reposará por siempre al lado de sus parientes uterinos.
“Es un momento solemne que tiene un profundo sentido ontológico, aquí la familia se une y reafirma su solidaridad como grupo, se sacrifican animales como vacas, ovejas y cabras, pero no es un evento festivo”, así lo hizo saber el antropólogo wayuu, Weildler Guerra Cúrvelo, compadre de Ángel Amaya, quien murió el 14 de diciembre de 2015 cumplidos los 86 años.

El palabrero
En Tocope, el territorio donde reposó por nueve años en el cementerio ancestral el cuerpo del palabrero, se levantaron las enramadas con los vistosos chinchorros colgados donde descansan los familiares y los amigos que llegaron a acompañarlo en su segundo entierro.
Los hombres corren cargando en sus hombros a los chivos y ovejas, que sacrificaron para ofrecer los alimentos del día que cocinaron en los fogones improvisados donde colocaron los calderos y ollas que supervisaron las mujeres encargadas después de ofrecerlos como un acto de hermandad.

Fermín Amaya, nieto de Ángel acompañado de otros primos, rindieron homenaje a su abuelo alrededor de una ceremonia asistida por los hijos del palabrero. Allí recordaron su memoria en la voz del compadre Weildler Guerra Cúrvelo, quien de manera detallada contó el recorrido del sabio wayuu a quien considera como un pilar y un referente del Sistema Normativo Wayuu, un maestro de la retórica conciliadora, que evacuo centenares de conflictos a lo largo de su vida, y quien descongestionó los tribunales y los juzgados de La Guajira con su trabajo.
En sus palabras, Guerra Cúrvelo, expresó que Ángel Amaya, nacido un dos de octubre de 1929, es una figura que entre las múltiples clases de palabreros era aquel que seducía con la palabra. “Su prestigio fue tan grande que no se limitó al territorio guajiro él era conocido más allá de Maracaibo, de Barranquilla, intervino en disputas intra étnicas e interétnicas a lo largo de su vida. Estamos haciendo un homenaje a uno de los grandes hombres y al palabrero más importante que tuvo La Guajira en el siglo XX”.

Legado
Una de las preocupaciones del antropólogo, gira alrededor de los nuevos palabreros que se están formando en sus comunidades para que no haya una brecha intergeneracional en el conocimiento de los fundamentos del Sistema Normativo wayuu.
“Si las nuevas generaciones no conocen lo que ellos conocían, ni adquieren esa experiencia, ni ese referente, si estuviésemos ante una crisis que me preocuparía, porque esta gente tenía un sentido profundo para explicar el sistema normativo wayuu”, dijo.
De manera pausada contó que los palabreros wayuu referenciados de la época de Ángel no solo eran expertos en el procedimiento y las compensaciones, sino que además tenían claro cuáles son esos principios que se llaman valores axiológicos, y su compadre era un hombre que promulgaba el valor de la vida, de la libertad y de la paz como valores máximos en la existencia de todos los seres humanos sin excepción.
El Sistema Normativo Wayuu, fue declarado por la Unesco en el año 2010 como Patriminio Cultural Inmaterial de la humanidad, que comprende un conjunto de principios, procedimientos y ritos que rigen la conducta social y espiritual de la comunidad. Inspirado en principios de reparación y compensación, este sistema es aplicado por las autoridades morales autóctonas: los pütchipü’üis o “palabreros”, personas experimentadas en la solución de conflictos y desavenencias entre los clanes matrilineales de los wayuus.
El compadre

El antropólogo ataviado con la clásica guayabera y su sombrero wayuu llegó a Tocope después de 45 minutos de recorrido desde Riohacha a cumplirle la cita a su compadre Ángel Amaya Uliana, como siempre acompañado de su esposa Tivi, de su hijo Carlos Manuel y su esposa, del Palabrero Odilón Montiel Epieyu, la lingüista wayuu, Alicia Dorado, la magistrada María del Pilar Veloza y su esposo y la Defensora del Pueblo, Soraya Escobar.
El grupo de amigos fue recibido por Luisa, la hija de Ángel y ahijada de Weildler, quienes participaron del homenaje al hombre que con su palabra logró dirimir cientos de conflictos a lo largo de su vida.
“Ángel fue el palabrero de mis tíos abuelos porque era Uriana igual que mi familia, yo herede esa amistad mis tíos Glicerio Pana y Rafael Pana Uriana, no había un problema en la zona de Carrizal que no pasara por sus manos, era el único palabrero de nuestro territorio al que se llamaba porque era el de confianza y su experiencia era prenda de garantía”, contó.
En el desarrollo de la conversación, dejó saber que cuando sus tíos envejecieron y murieron heredó la amistad del palabrero con quien siempre mantuvo una relación fluida, y quien además le explicó cómo funcionaba el sistema. “Lo acompañé en algunas ocasiones difíciles de conflictos, lo vi desplegar toda su destreza retórica, y de él me quedan grandes recuerdos y enseñanzas”.
Lo recuerda como un gran anfitrión, amable, un hombre abierto con una visión universal de la vida. “En este lugar, aquí donde estamos sentados vino a conocerlo una comisión de la universidad de Complutense de Madrid y de Castilla La Mancha de España, aquí trataron con las muchas personas del exterior que venían por su renombre, y las clases que se pudieran dictar en Europa y en otras partes sobre mediación Ángel Amaya era un referente por eso la importancia de este hombre wayuu, tradicional, con una formación pura de la ontología y la cosmología wayuu”.
Para el antropólogo quien además recibió el bastón o walaalat de su compadre de manos de sus descendientes, el conocimiento del palabrero no se derivaba del colegio o de la universidad era un conocimiento arraigado en el territorio en como la cultura wayuu concibe la vida.
Weildler, regresó a Riohacha con el bastón en mano del palabrero Ángel Amaya Uliana, cargado de sentimientos a una amistad que se mantuvo en el tiempo y que hoy comparte con sus hijos, sobrinos y nietos haciendo honor al legado de un hombre prudente que siempre valoró la vida.