En los municipios de como Riohacha y Monguí, más de 1,200 niños y jóvenes se han visto beneficiados con el programa Sonidos para la Construcción de Paz, liderado por la Universidad del Atlántico.
Estos jóvenes en los últimos dos meses, han participado en clases de formación musical, utilizando espacio en instituciones como el Centro de Integración Popular en Riohacha y el Centro Educativo #8 en Monguí.
De acuerdo con Luis Martínez, formador del proyecto, muchos de estos estudiantes no conocían la mayoría de los instrumentos, pero se han ido adaptando. Agregó que “A pesar de las distancias y dificultades para llegar, su compromiso demuestra el valor que la música tiene en sus vidas”.
El programa, no ofrece únicamente nuevas oportunidades artísticas, sino que también sirve como reductor de conflictos en estas comunidades que han sido afectadas por la violencia.

Por su parte, Han, otra formadora del programa, señala: «La música nos permite construir paz en zonas rurales donde el Estado había estado ausente por mucho tiempo».
Para Laizy Amaya, docente del programa, es importante mantener el legado cultural de los wayuu, entendiendo que la mayoría de sus estudiantes pertenecen a esta etnia.
Impacto económico y presencia en más de 20 departamentos
Además, este programa ha impactado al desarrollo económico local, articulando a 351 artistas formadores y a más de 60 profesionales en diversas áreas. Con presencia en 141 establecimientos educativos de la región Caribe, el objetivo es llegar a 185 en los próximos meses.
Con presencia en más de 20 departamentos del país, el programa ha establecido alianzas estratégicas con instituciones como la Universidad del Atlántico para garantizar la continuidad y sostenibilidad de los procesos formativos.
Sonidos para la Construcción de Paz se enfoca especialmente en las Zonas Más Afectadas por el Conflicto Armado y las comunidades étnicas, demostrando que la creatividad puede ser un camino poderoso hacia la reconciliación y el desarrollo integral de las comunidades.