Por: Betty Martínez Fajardo
La tierra mojada de Sararao por la pertinaz llovizna de la madrugada, abre su corazón a sangre toro un pequeño pájaro del territorio que revolotea en el árbol del trupillo donde se guarecen las familias wayuu que llegan con sus pimpinas a buscar agua potable un derecho que les fue negado por mucho tiempo.
Sararao, es una ranchería ubicada en el kilómetro 41 vía Riohacha-Maicao margen izquierda donde viven 110 familias wayuu en sus viviendas de barro, y quienes recorrieron largos trayectos en busca de un poco de agua para el consumo humano porque se abastecían de pozos profundos, molino de viento o jaguey.
Hoy esas mismas familias consideran que el agua es sagrada, aprendieron a su buen uso y entendieron que con el paso del tiempo las lluvias ya no llegan como les contaban los abuelos cuando se reunían bajo la luna alrededor del fuego.
Los ciclos de lluvia fueron cambiando, los ríos se fueron secando, cuando cavaban la tierra ya no brotaba agua, los molinos de viento instalados en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, se fueron dañando con el tiempo, entonces tener acceso al líquido fue un viacrucis.
El cambio del tiempo les cobraba y el silencio cómplice del gobierno nacional, departamental y territorial los fue aislando, pero pudo más el instinto de supervivencia para proteger a los niños y niñas que morían por factores asociados a la desnutrición como ocurría en otras comunidades dispersas del norte de La Guajira.
En Sararao las familias viven de la artesanía, el pastoreo y la agricultura, a los niños les hablan en wayuunaiki para conservar la lengua, protegen el territorio, el cementerio sigue siendo sagrado y luchan por conservar la cultura a pesar de la presencia del alijuna (hombre blanco) que intenta desplazarlos.

Pila Pública de Sararao, donde se potabiliza el agua para beneficiar a más de 2.100 familias wayuu. Foto: Betty Martínez Fajardo.
Agua potable
La decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que otorgó medidas cautelares a favor de niños, niñas y adolescentes wayuu, y la sentencia T302 de 2017 de la Corte Constitucional que ordenó al gobierno nacional garantizarles el derecho al agua potable fue lo que lo propició que en la comunidad de Sararao, la empresa Isa Intercolombia, construyera una pila pública a través del mecanismo de Obras por Impuestos, que fue inaugurada en el mes de febrero de 2021.
Se trata de una pila principal donde se instaló un sistema de bombeo y una planta de tratamiento donde el agua se potabiliza para el consumo humano, se almacena y es distribuida en un carrotanque a cuatro pilas aferentes que cuentan con un tanque de almacenamiento elevado.
Inicialmente el nuevo sistema causó curiosidad en las familias wayuu, se convirtió en un reto demostrar que si era posible disfrutar de agua potable de manera ordenada para lo cual se conformó la corporación Wuin Anaasü (calidad de agua), dirigida por la líder social Aleida Tiller, acompañada de Luís Emiro González, quien administra la pila pública principal Sararao.
Además de Marcelino Ipuana de la pila aferente dos Majayulumana; Victor Alfonso González, de la pila tres Masamana; Erika Noralma Urariyu, de la pila 4 Ulain, Maria Luisa Pana, de la pila cinco Orroko, y Jairo Pachín Paz Aguilar, el conductor del carrotanque.
Adaptarse al cambio no fue fácil, como lo contó Leolelis Rojas Epieyu, porque era extraño tener que ir todos los días con una tarjetica a buscar el agua o saber la diferencia del agua potable o el agua cruda.
Leolelis es auxiliar de enfermería, nació y vive en Sararao pero trabaja en el municipio de Albania, y reconoce que con el tiempo y el trabajo de la Corporación la comunidad tomó conciencia del valor del agua que reciben además de manera gratuita.
La Corporación
La Corporación Wuin Anaasü (calidad de agua), fue montada bajo un enfoque diferencial y compromiso social y es la encargada de administrar la pila principal ubicada en Sararao, y otras cuatro conocidas como aferentes en las comunidades de Majayulumana, Musamana, Ulain y Orroko, además de las cinco enramadas comunitarias de Malirankirru, Yura, Cadenita, Juyartapana y Jepimana, para atender acerca de 2.100 familias que corresponden a 7.770 personas.
Luis Emiro González, es el administrador de la pila principal de Sararao, conoce en detalle cómo funciona el sistema.
Una vez tratada el agua se entrega de manera gratuita a la comunidad, quienes deben portar el carnet donde se lleva el control, es una manera de cuidar y ahorrar el preciado liquido.
La oficina de la corporación funciona en Sararao, el modelo montado resultó exitoso, porque cuenta con un sofwart que les permite en tiempo real llevar el control de agua que se entrega de manera mensual a los usuarios, además del recurso de subsidio del sistema general de participaciones para agua potable y saneamiento básica que reciben mensualmente por parte de la alcaldía de Maicao, que se invierte en el pago del personal, el mantenimiento de las pilas, y el combustible para el carrotanque.
A esa tarea se suman los focos gestores, personas de la comunidad capacitados previamente para atender a los usuarios.
En la corporación trabajan siete personas, la gerente, los cinco administradores de las pilas, y el conductor del tanque.
El recorrido

Jairo Pachín Paz Aguilar, conductor del carrotanque que lleva agua potable a las familias wayuu. Foto: Betty Martínez Fajardo.
Jairo Pachin Paz Aguilar, es un hombre wayuu, robusto y de mediana estatura, es el encargado de distribuir el agua tratada desde la pila principal de Sararao hasta las aferentes.
En su relato expresa que solo cuando el invierno es muy fuerte se les dificulta la entrega de agua potable por el mal estado de las vías de acceso a las comunidades.
Es un hombre orgulloso de su etnia wayuu, a sus 50 años es padre de dos hijos, el mayor cursa primer semestre de medicina en la universidad Latinoamericana de Caracas, y el segundo recibe grado de bachiller este año.
«Anteriormente nosotros siempre consumiamos el agua cruda de nuestro molino de nuestros pozos, cuando empezaron a operar las pilas públicas a uno como wayuu se le hacia extraño el agua potable porque cambia el sabor», contó Jairo.

Beneficiarios
Ana Matilde Arpusana Jusayu, madre de cinco hijos, es una usuaria de la pila pública de Sararao, conoce como funciona y cual es su deber para poder acceder al agua potable.
La corporación se mantiene cerca a sus usuarios a quienes capacitan sobre la necesidad de no desperdiciar el agua.

Berenice Vangrieken, es auxiliar de obra, y madre de un hijo, considera que disfrutar de agua potable es una bendición porque ese derecho les fue negado durante mucho tiempo.
Luís Emiro González, el administrador de la pila, es papa de dos menores, en Sararao pasa la mayor parte de su tiempo, conoce a cada familia, y siempre recuerda las dificultades que vivieron por no tener acceso al agua potable.
Al tiempo que reconoce que por entregar agua potable de manera gratuita, ha bajado el número de niños muertos por factores asociados a la desnutrición.
Hoy la pila pública de Sararao y sus cuatro aferentes son un ejemplo de como se puede operar de manera eficiente una infraestructura que les garantiza el acceso al agua potable, manejada por personal wayuu con enfoque diferencial, y quienes en cuatro años han logrado y es lo más importante sensibilizar a sus usuarios de su valor y la manera eficiente de usarla.

Aleida Tiller, es una mujer wayuu que sigue generando cambios en su territorio. Foto: foto de mujeres Cafam 2023.
Aleida Tiller, la lider del grupo es una convencida que se debe construir sobre lo que existe, entendiendo que La Guajira es un inmenso territorio donde las comunidades wayuu viven de manera dispersa.
«El hecho de que haya llegado este proyecto como muchos detractores dirán pues no vemos el cambio, sin embargo los que lo estamos tomando si vemos el hecho cuando una madre nos dice que el arroz que antes era amarillo ahora es blanco, garantizar que a un bebe recien nacido le de un agua que tenemos aca y es potable, entonces son testimonios de la misma comunidad que nos incentiva», declaraciones a la DW Español, en su documental «Las mujeres wayuu podemos generar cambios».

Ana Matilde Arpusana, acompañada de su hijo llega hasta la pila pública de Sararao, para abastecerse de agua potable. Foto: Betty Martínez Fajardo.
Causas
El montaje de la pila pública de Sararao, corresponde a una estrategia del gobierno del entonces presidente Iván Duque, que llamaron Guajira Azul, para garantizar el acceso a agua potable a los niños wayuu de los municipios de Maicao, Uribia, Manaure y Riohacha, accionados por la sentencia T 302 de 2017, para evitar que siguieran muriendo por factores asociados a la desnutrición por la falta de agua potable, la escasez de alimentos, y la desatención de las EPS.
El 26 de febrero del 2014, el entonces secretario de Planeación del departamento de La Guajira, Cesar Arismendi Morales, denunció la muerte de 30 niños durante el 2013 por física hambre.
De acuerdo con información suministrada por el Dane, en el departamento de La Guajira murieron 292 niños y 244 según la secretaria de Salud departamental.
En el 2009 murieron 68; en el 2010 la cifra subió a 71; en el 2011 bajó a 49; en el 2012 subió a 58 y en el 2013 perecieron 46 niños, estas cifras son certificadas por el Departamento Administrativa Nacional de Estadística DANE; mientras que el Sivigila de la Secretaria de Salud de La Guajira confirmó que murieron 84 en el 2009, en el 2010 bajo a 29, en el 2011 fueron 43, en el 2012 subió a 58 y en el 2013 murieron 30 niños por física hambre, así se reporta en información de Caracol Radio.
El 11 de noviembre de 2015, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, otorgó medidas cautelares a favor de niños, niñas y adolescentes wayuu de las comunidades de Uribia, Manaure, Maicao y Riohacha, porque se encontraban en riesgo debido a la falta de acceso a agua potable y el estado de desnutrición. La solicitud fue presentada por el líder wayuu Javier Rojas, quien informó que se habrían presentado la muerte de 4.770 niños y niñas.
El 8 de mayo de 2017, la Corte Constitucional declaró el estado de cosas inconstitucional en La Guajira, y ordenó al Estado Colombiano, proteger los derechos fundamentales al agua potable, salud y seguridad alimentaria de los niños wayuu de los municipios de Uribia, Manaure, Maicao y Riohacha. La medida cobijó al gobierno departamental de La Guajira, y las alcaldías de los cuatro municipios citados.
El pasado 23 de septiembre de 2025, la Sala Especial de Seguimiento a la Sentencia T-302 de 2017 declaró el cumplimiento medio de la orden dirigida a “mejorar la información disponible para la toma de decisiones por todas las autoridades competentes para realizar acciones tendientes a la superación del estado de cosas inconstitucional”. Esta decisión se tomó al constatar la existencia de acciones dirigidas a superar la ausencia de información suficiente y de calidad en los términos exigidos por la Sentencia T-302 de 2017 y el Auto 1846 de 2024.
El tribunal constitucional comprobó la implementación del Sistema de Información Wayuu, el Geovisor, el Tablero de datos y el Tablero de Control, como herramientas dirigidas a satisfacer el derecho a la información. Sin embargo, se identificaron falencias que impiden la consolidación plena de los instrumentos. Las fallas se pueden sintetizar en dos categorías. La primera, se centra en el compromiso y reporte desigual entre las distintas entidades, categorizada como un bloqueo institucional. La segunda, la ausencia de reglas de juego a la hora de aplicar el enfoque diferencial que, a juicio de la Sala, constituye una práctica inconstitucional.
En relación con la primera, el bloqueo institucional, el auto determinó que la deficiencia de algunas entidades a la hora de recolectar y reportar la información generó un reporte desigual entre ellas, afectando el correcto funcionamiento de las herramientas e impidiendo la satisfacción del contenido esencial del objetivo quinto. Frente a esto, la Sala consideró que la información estadística clara y confiable sobre el número de la población Wayuu, no solo es parte esencial del objetivo constitucional mínimo quinto, sino que, al ser un objetivo procedimental, su incumplimiento afecta el ejercicio adecuado de la administración para garantizar el goce efectivo de los derechos de las niñas y niños Wayuu, así como los otros objetivos constitucionales.
Sobre la segunda, la práctica inconstitucional, la Sala concluyó que la incertidumbre en la implementación de las acciones, así como los retrasos a la hora de cumplir con los cronogramas planificados, también son atribuibles a la ausencia de reglas de juego a la hora de aplicar el enfoque diferencial, así como a una tergiversación de los espacios de diálogo y participación.
La Sala, en aras de avanzar en la consolidación del objetivo quinto, ordenó depurar el sistema de información con el fin de obtener cifras menos discutibles sobre la totalidad de la población indígena y sus condiciones actuales. Además, consideró necesario asegurar la participación de la ciudadanía, especialmente de las y los Wayuu a partir de la comprensión y acceso a los sistemas. Finalmente, tomó determinaciones para que los órganos de control ejerzan una labor que prevenga la incorrecta ejecución de los recursos públicos.
La Pila Pública de Sararao, es un modelo que la comunidad apropió y generó en ellos conciencia de su buen uso, en la necesidad de cuidar el agua para que el fuerte verano no los golpee pero especialmente para proteger a sus hijos de enfermedades que les arrebatan la vida.