Por: Betty Martínez Fajardo
El refugio, fue el sitio perfecto para que Ricardo Márquez Iguarán, se preciara de compartir con su familia y buenos amigos. Un pequeño espacio en su residencia donde sus paredes albergaba libros y cantidad de CDS con la música que escogía y grababa en su tiempo libre, cajones con herramientas de trabajo, una nevera pequeña donde no faltaba un buen trago y un frasco de vidrio con las sabrosas gomitas.
Allí frente a su computador pasaba horas y horas escribiendo sus artículos de opinión, discursos y sobre temas que tenían que ver con La Guajira y el país.

Fue una fuente de información para investigadores y periodistas sobre la vida del nobel de literatura Gabriel García Márquez, a ellos los unía la familiaridad que lograron compartir en el tiempo.
Ricardo, era Ingeniero Civil, logró el reconocimiento de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo desde los diferentes cargos que ocupó en la gobernación de La Guajira, así como en la empresa Carbocol, pero también por compartir sus pasatiempos con un grupo especial de amigos que la vida le regalo.
Cada mañana recorría el malecón de la primera, se distinguía entre el grupo de caminantes no solo por el color blanco de su piel sino también por los audífonos que colgaba de sus orejas para escuchar los noticieros y enterarse de lo que acontecía en su departamento.
Richard como algunos lo llamaban por cariño, no llegaba tarde a ningún encuentro, se disfrutaba la conversación sobre diferentes temas entre ellos la historia de su ciudad y las familias con las que convivió durante su tiempo de vida, y también sobre el partido Conservador en el que siempre militó.
En esos diálogos con quienes compartía el gusto por la música se convirtió en fundador y socio de Fundartes Guajira, fue su presidente y quien elaboró sus estatutos, se gozaba cada concierto de la banda sinfónica compuesta por niños y jóvenes de escasos recursos económicos.

Fue un pilar fundamental para su familia junto a su esposa Doña Inés, quienes inculcaron a sus hijos Circe, Ricardo, Rita, Ingrid, Patricia y Sonia valores como la honestidad, la responsabilidad y el respeto.
Su trabajo de muchos años le permitió conocer varios países, experiencias que compartía a su regreso con sus amigos en la ciudad que amó.

Hoy 16 de julio día de la Virgen del Carmen, se cumplen cinco años de la partida de Ricardo Mario Márquez Iguarán, sus hijos en su homenaje compilaron parte de su obra literaria en el libro “Desde mi refugio”, que recoge 61 artículos publicados en el periódico Ecos de La Guajira”, dirigido por Alfredo Orcasitas Cúrvelo.
El prólogo estuvo a cargo del exgobernador de La Guajira, Francisco Javier Daza Tovar, en donde expresa que es importante resaltar, entre muchas otras, que “la gestión de Ricardo fue crucial nada más que para unir a La Guaira con el resto del país, al trazar la primera hoja de ruta para la arteria vial de la integración (La Florida- Tomarrazon-Distracción), demostrando que las vías no son no sólo comunican, sino que integran las poblaciones. De similar importancia, sus aportes en la secretaría de Educación y de Hacienda departamentales, su diseño de la metodología del manejo de las primeras regalías para entes territoriales, calificada por Ecopetrol como la manera más transparente y planificada de invertir para nuestro desarrollo, la renovación de las redes de energía eléctrica de Riohacha y una larga lista de aportes a través de entidades nacionales. Departamentales”.
El libro recoge dos artículos de las vivencias de un par de amigos especiales como Francisco Brito y Rafael Caicedo Daza.
“Su nombre, su vida y su andar por las estrellas calles de su amada Riohacha no fueron ni mucho menos los de un personaje anónimo; más bien pareciera haber sido un hombre mágico que cabalgó por las páginas inmortales de Cien años de Soledad, obra magistral de su primo Gabo”, expresó su amigo Francisco Brito.
Ricardo Márquez Iguarán, “fue más que mi amigo, más que mi compadre, más que mi consejero fue mi padre. Después de décadas de risas, lágrimas, experiencias y sabiduría compartidas, llegó el día en que el destino nos separó físicamente. Pero en nuestro vínculo hemos sido testigos del conmovedor poder de la conexión humana que trasciende las barreras generacionales, aunque ya no esté, su legado y nuestra amistad perdurarán para siempre en mi corazón”, precisó su compadre y amigo Rafael Caicedo Daza.