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Necesidad de un plan de sustitución de la matriz productiva departamental

Por: Aldemiro Santos Choles Quintero.

Desde mucho antes de la revolución industrial la humanidad ha utilizado el carbón como combustible para generar beneficios en desarrollo de las necesidades demandadas desde el intercambio propio de los mercados.

Con el tiempo, se utilizó este mineral para establecer una matriz energética que contribuyó a la producción de energía dando origen a bienes y servicios necesarios en el crecimiento económico, esenciales para el desarrollo de los países. No obstante, el avance en términos económicos ha creado grandes perturbaciones al medioambiente por la generación de gases de efecto invernadero, en la concentración de CO2 (monóxido de carbono) en la atmósfera, convirtiéndolo en un reto ambiental para la humanidad.

La ONU, en representación de sus Estados miembros, tomó la iniciativa de abordar este tema como una problemática por los efectos negativos para el clima y la biodiversidad, indicando, entre otras cosas, el aumento incontrolable de las temperaturas que amenazan la subsistencia humana. Los países copartícipes a través de la COP (Conference of the Parties – conferencia entre países), han acordado promover políticas públicas encaminadas a detener el cambio climático que, de continuar afectaría la temperatura que se estima pasaría de 1,5°C a 2°C., lo cual desencadenaría una calamidad para la humanidad.

Ante este escenario, los países han instituido compromisos en el marco de la COP, con el propósito de sustituir las fuentes de energía fósiles por energías alternativas a través del viento, sol, agua, entre otras, para mitigar los efectos del calentamiento global. Este propósito demanda acciones titánicas con miras de sobreponerse a los acontecimientos climáticos que está advirtiendo el planeta, frente a los intereses económicos de las grandes multinacionales que tienen un peso enorme en las decisiones políticas de muchos países.  

Por ello, Colombia como Estado parte de la ONU asumió el compromiso para el 2030 de reducir en un 50% la emisión de gases de efecto invernadero, acelerando los procesos en el desarrollo de la transición energética.

En este orden la transición energética ha generado importantes tareas motivadas en la promoción del uso de energías alternativas, abriendo de esta manera el camino a un nuevo modelo económico en el que se negocia monetariamente la recuperación ambiental, con la generación de títulos de “crédito de carbono”, beneficiando, entre ellos, los proyectos generadores de energía no contaminante, valorando el cuidado del medio ambiente para compensar la huella de carbono agregada por los combustibles fósiles a los cuales se les acerca su final. 

El carbón por su categoría energética ha sido usado para alimentar las plantas de energía térmica, las cuales han disminuido sus operaciones por los efectos contaminantes descritos. Lo cual en su operación se obliga a comprar los “Créditos de Carbono” para compensar la huella de carbono (CO2) que dispone. Este condicionamiento eleva los costos de la energía producida a través de plantas térmicas, generando de paso una disminución de los países a la demanda del carbón, registrando así una tendencia a la baja de pecios futuros en bolsa.

Colombia, como productor de carbón le corresponde crear un plan estratégico para afrontar este escenario, entre otras cosas porque la actividad extractivista del carbón se considerada una renta pública. En el mismo sentido se tiene que aterrizar a nivel regional, con un interrogante sensato ¿qué está pensando la Guajira al respecto?, cuando el 38.9% de su PIB, está representado en las rentas del carbón, a lo que se le suma el plazo, del 2 de febrero del 2034, fecha está en la cual vencen la explotación del cerrejón.

Con esta justificación, la transición energética busca aminorar el uso del carbón, entre otros minerales, si a este escenario le agregamos el cierre de la explotación del Cerrejón se genera un escenario donde nos advierten que en nueve (9) años, si no antes deberíamos contar con un plan de sustitución de la matriz productiva departamental, la cual correspondería iniciar desde ya con la “reindustrialización”, consistente en sustituir la economía extractiva por una economía del conocimientos e innovación.

Ante estos argumentos, a los guajiros nos espera un reto orientado a un quiebre histórico que inicia con un punto de partida encaminado en un ordenamiento del “plan de cierre minero” para formalizar una valoración territorial en la estabilidad; geológica, física, hídrica y socioeconómica; que nos permita conocer su estado actual, en salvaguarda de su biodiversidad. Para no repetir la experiencia que está viviendo el departamento del Cesar con la empresa PRODECO, la cual formalizó el “abandono de mina” por inconvenientes técnicos y baja tendencias de los precios, en lo cual la empresa no estaba en condiciones de operar.

El llamado que hacemos a nuestra dirigencia guajira, a los académicos e intelectuales, a la Universidad de La Guajira desde este espacio es a no aplazar las acciones administrativas que corresponda al gobierno departamental y las gestiones necesarias con el gobierno nacional que tiene un interés en ese tema para crear nuestro plan de sustitución de la matriz productiva de nuestro departamento. Con esta preocupación mayúscula, me despido advirtiendo que de no tomar las acciones que correspondan, terminaremos repitiendo la declamación musical interpretada por el maestro Jorge Oñate: “Al guajiro hasta la muerte le llega tarde”.

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