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El carnaval de Riohacha está llegando a su mínima expresión

El carnaval de Riohacha se encuentra en crisis

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Por: Betty Martínez Fajardo

El carnaval de Riohacha es de los más antiguos del Caribe Colombiano, considerada como una fiesta tradicional con arraigo en la población.

Al paso de los años ha venido disminuyendo toda esa carga de colorido y música, que se vive en la presentación de las comparsas, de los disfraces, de las letanías y otras expresiones culturales.

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Las organizaciones intentan mostrar algo diferente cada año en medio de las dificultades por la falta de apoyo del gobierno Distrital, y de la empresa privada.

A esa circunstancia se suma que cada uno trabaja de manera independiente arañando contar con el apoyo económico del gobierno distrital y departamental, quienes en sus presupuestos no cuentan con una línea clara para apoyarlos.

Las organizaciones tampoco cuentan con una hoja de ruta, para desarrollar actividades durante el año para que de alguna manera empiecen a ser autosostenibles.

Daniela Rodríguez, reina central del carnaval 2023.

Es necesario destacar el esfuerzo que realizan las reinas, quienes se lucen en los recorridos y la noche de coronación por los hermosos vestidos que muestran, y la coreografía impecable que montan acompañadas de los grupos de danzas.

Las comparsas han venido disminuyendo en los desfiles que se programan, porque lamentablemente en los recorridos grupos de jóvenes con su mal comportamiento impiden que los asistentes aprecien de manera tranquila y segura las coreografías y los vestidos que lucen cada participante.

A eso se suma que son pocas las organizaciones que logran que el  ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, les apruebe los proyectos que presentan para desarrollar en el marco del carnaval.

La reina vitalicia Noelia Mejía, siempre disfrutando y defendiendo los iconos del carnaval como el pilón riohachero y los embarradores.

La situación del carnaval de Riohacha merece un análisis serio y responsable, porque se está a tiempo de salvarlo, la indiferencia no puede convertirse en la excusa para no hacer nada.

Por ello, el llamado al alcalde del Distrito, Genaro Redondo Choles, para que abra los espacios y genere ese diálogo necesario para entre todos buscar alternativas que lleven a proteger esa fiesta reconocida por la comunidad.

Es un encuentro propicio para conocer la experiencia de quienes han pasado por la organización del carnaval, así como de sus exreinas, que permita tomar decisiones argumentadas en la realidad y no llevada por la pasión que genera estos temas.

El carnaval además de una fiesta arraigada en el corazón de la gente, también dinamiza la economía por la venta de productos que giran alrededor de esa industria.

Los iconos del carnaval como los Embarradores, las Mascaritas, el Bando de Francisco Jota Brito, los Macos, los Capuchones, la Cuadrilla Pinto, el Pilón Riohachero y Joselito, necesitan seguir con vida y eso solo se logrará en la medida que todos remen a un mismo lado.

Karin Arredondo Varela, reina central, y Valery Vega, reina infantil del carnaval 2022, luego de acompañar el desfile de los embarradores. Foto: Betty Martínez Fajardo

El antropólogo Weildler Guerra Cúrvelo, en una columna publicada en el periódico El Heraldo, relata que cronistas coloniales como Nicolás De la Rosa (1742) describen la estrecha relación de los carnavales de Riohacha con las festividades religiosas de la virgen de los Remedios.

Las fiestas muy costosas para la ciudad incluían representaciones de la conquista en las que compañías vestidas como indígenas y conquistadores simulaban intercambios de flechas y disparos.

En ellas se celebraban corridas de toros, luces, fuegos artificiales, carreras con muñecos de madera y gran consumo de bebidas y dulces. Las festividades comenzaban el 20 de enero y culminaban con las carnestolendas.

Además que  en la época republicana viajeros europeos, como el francés Henri Candelier (1893), señalaron que el carnaval tenía en Riohacha, mucho atractivo.

“Desde el mes de enero, los jóvenes, al anochecer se disfrazan e intrigan en las casas de sus amigos. Pero los tres días de carne, se festejan con una animación extraordinaria, así como en todas las otras ciudades del litoral, en Santa Marta y Barranquilla”.

En la columna de Guerra Cúrvelo, se indica que de domingo a martes de carnaval, escribe Candelier, cada uno puede actuar según su fantasía y dar curso a su imaginación, y a veces, a las chanzas desagradables. Irritado por el empleo del agua, el negro de humo y otras sustancias que se arrojaban entre los criollos de Riohacha, el malgeniado viajero recomendaba que “ durante ese período, lo mejor para un europeo es encerrarse en su casa”.

Además que, a principios del siglo XX personajes destacados del carnaval riohachero como Francisco J. Brito leían el Bando y en la práctica ejercían como autoridades festivas que desplazaban por unos días a la autoridad oficial en el gobierno de la ciudad. Su figura fue tan importante que la memoria colectiva guarda la siguiente expresión “El comerse un huevo frito sin condimento y sin sal, es como un carnaval sin Francisco J. Brito.” Él y sus amigos fundaron la “Universidad Coma, beba y sea feliz” cuyas salerosas asignaturas se perdían por inasistencia o por incumplimiento de los deberes festivos.

También precisa que en la república, el carnaval funciona como un espacio transitorio y libertario regido por un sofisticado sistema de reglas. Como todo carnaval el de la capital guajira ha sido a lo largo de su historia una especie de paraguas de distintas tradiciones festivas.

Desde el siglo XIX, según lo postulan algunas fuentes orales, los inmigrantes franceses incorporaron la tradición de los embarradores que hoy constituyen uno de los iconos carnavalescos más vitales de la capital guajira En la primera mitad del siglo XX los tambores de Curazao, conocidos como ‘los tambores de Magrí’, eran una de las manifestaciones más llamativas del carnaval de la ciudad.

Al lado de ellos se encuentran coloridas manifestaciones como las mascaritas, gallinazos, ánimas, diablitos, negritos, cumbiamberas, piloneras, gigantonas y macos. El carnaval es esa máquina festiva que, como ha dicho acertadamente Paolo Vignolo, no se fundamenta en el utilitarismo económico sino que se asocia justamente con el derroche.

El Carnaval de Riohacha me hace evocar la amorosa figura de mi madre enseñándome pacientemente las elementales reglas de la mojadera: “los niños no mojan a los mayores, preferiblemente las mujeres deben mojar a los hombres”. ¿Para qué sirve a las gentes del Caribe el carnaval? el escritor Derek Walcott considera que el carnaval hace posible insertar una memoria de agravios, violencia y explotación en una secuencia rítmica permitiendo a una agrupación humana bailar su propia historia ya despojada de su pasado doloroso, precisó el antropólogo.

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