La figura del palabrero sigue presente en la cultura wayuu. Orangel Gouriyu, es un reconocido palabrero que ha recorrido La Guajira reconciliando familias a través de la palabra. En el año 2010 el Sistema Normativo wayuu aplicado por el palabrero, fue declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Por: Betty Martínez Fajardo
La mañana del jueves seis de noviembre de este 2024, Orangel Gouriyu, montado en su vehículo cuatro puertas, siempre con su bastón que recibe el nombre de Waraaralü, su mochila, su sombrero y muy engafado llegó a la ranchería Guaimaral a 12 kilómetros de la ciudad de Riohacha, a cumplir una cita de esas que te hacen sentir bien.
No era una cita cualquiera. Orangel un hombre de mediana estatura, de piel canela y cabello negro, bajó de su vehículo y en su lengua materna el wayuunaiki saludó a más de treinta personas del clan Ipuana, que lo esperaban ansiosos para finiquitar un problema que los venía agobiando desde el primero de enero de 2023.
El reconocido palabrero wayuu, se ubicó en mitad de la enramada, a su lado Zaida Cotes, autoridad tradicional de Guaimaral, se le veía un poco intranquila, pero su caminar de un lado a otro ordenando la casa señalaba el ejercicio de su autoridad.
La familia de Zaida, se situó alrededor para escuchar la voz del palabrero, la que no les era desconocida porque durante más de tres meses, en diferentes fechas, horas y momentos les había compartido la palabra del clan Uriana con quien finalmente suscribirían un pacto de no agresión.
El palabrero les explicó en su lengua materna el wayuunaiki, cada detalle de los encuentros con el clan Uriana, les recordó como inició el conflicto y las propuestas de lado y lado para llegar a la firma del acuerdo.
En esa primera parada del palabrero, fue invitado a un desayuno típico que compartió con quienes lo acompañaban como garantes, no podía faltar la arepa de queso, la chicha y el tinto en medio del usual diálogo que reconforta un momento de la vida.

Poco a poco regresaron a la enramada, el palabrero informó que el clan Uriana lo esperaba. Allí apareció nuevamente la delgada figura de Zaida, luciendo una manta roja, con una encomienda en sus manos para poner fin a un conflicto que no la dejaba dormir tranquila porque dos de sus hijos resultaron involucrados en un enfrentamiento con los Uriana.
La autoridad tradicional entregó al palabrero cuarenta millones de pesos en efectivo, que representan 31 reses, 700 chivos, 2 mulas, 5 collares, 1 arma y 2 tumas, para pagar la ofensa al clan Uriana, y sellar así el pacto de no agresión.
Segunda parada en Irruain
Orangel, tomó la encomienda, y subió nuevamente al vehículo acompañado del director nacional de Asuntos Indígenas, Cesar Fandiño, como garante por solicitud expresa de ambos clanes.
En el trayecto de unos 12 kilómetros a margen izquierda de la vía al corregimiento de El Pájaro, está ubicada la ranchería Urruain, de la nada aparecieron los Uriana y también debajo de una enramada recibieron al palabrero, quien les explicó de manera detallada la forma como se logró el acuerdo que estaban a punto de firmar.

Allí frente al palabrero, se ubicó José Domingo Bonivento, un hombre de pocas palabras quien recibió el pago al resultar herido en un altercado con miembros del clan Ipuana, se mostró conforme, y aseguró que respetará el acuerdo.
José Domingo, es hijo de la autoridad tradicional de Urruain, quien antes de fallecer le pidió a su sobrino el abogado wayuu Abel Mengual, que velara por el bienestar de sus hijos para que en cualquier dificultad hicieran lo posible para llegar a acuerdos, y evitar el derramamiento de sangre en el territorio.
Abel, le cumplió la palabra a su tio, participó de las conversaciones con el palabrero Orangel Gouriyu, en medio de algunas dificultades porque como el mismo lo expresa cuando hay heridos de lado y lado no es fácil conciliar.
Regreso a Guaimaral tercera parada
Orangel con el acta firmada por el clan Uriana, regresó a Guaimaral, relatando a su acompañante la manera como durante tres meses escuchó la versión de las partes afectadas por un enfrentamiento de jóvenes de las dos familias.
En ley wayuu cuando se presentan casos de personas heridas no es fácil una conciliación, se acude entonces a la figura del palabrero persona reconocida y sabia quien dirime en el conflicto para llegar a los acuerdos que casi siempre se respetan.
En la tercera parada en Guaimaral, pasada las doce del medio, el palabrero Orangel y quienes lo acompañaron como garantes fueron invitados a un almuerzo. La mesa estaba servida. Cada uno se ubicó y degusto nuevamente de un arroz blanco volao, chivo guisado y asado, plátano amarillo asado y una refrescante chicha.
El diálogo se retomó después del almuerzo, el palabrero nuevamente contó los detalles de la reunión con los Uriana, y entregó el acta firmada que ellos también debían refrendar.
Zaida, agradeció la intermediación del palabrero y en sus palabras reiteró que ese acuerdo firmado será respetado.

El conflicto
El palabrero Orangel Gouriyu, explicó que el problema se suscitó en un primer altercado que se presentó el 1 de enero de 2023, en un estadero en la vía al corregimiento de El Pájaro donde se encontraron varios jóvenes del clan Epieyu con los Ipuana.
“Allí se formó una discusión donde el clan Ipuana levanta a plomo a uno de los Epieyu, hubo maltrato físico pero ese día no paso nada. Ese mismo día los Ipuana se llevaron dos motos de los Epieyu”, explicó.
El clan Ipuana por petición de los Epieyu, para cubrir la falta devolvieron dos motos nuevas para tratar de mitigar un poco la situación.
Sin embargo, ese problema no se logró solucionar del todo a pesar de la intermediación de un palabrero que dijo ser amigo de ambas familias.
Pasaron los meses y el primero de agosto de este 2024 en un velorio cerca al corregimiento de La Gloria, se encontraron jóvenes de ambas familias, quienes se agreden con arma de fuego donde resultan cuatro heridos del clan Ipuana, uno del clan Epieyu, y un vehículo cuatro puertas averiado por los impactos que recibió.
Esa situación generó ciertas hostilidades entre ambas familias, y por esas circunstancias de la vida el palabrero Orangel Gouriyu, familiar de los dos clanes inicia la intermediación para reconciliarlos.
Su capacidad de escucha y paciencia fueron claves para comprender la posición de cada familia, manejó las diferentes versiones y en un cuaderno escribió cada detalle de las conversaciones.
En los ires y venires, compartió con ambos clanes su propuesta de reconcialiación aprovechando la voluntad de los mayores para sellar el pacto de no agresión.
“Les propuse que perdonaran lo que pasó el primero de agosto de este año y se iniciará la concialiacion con lo sucedido el primero de enero de 2023 en el estadero en la vía al corregimiento de El Pájaro”, expresó.
Sistema normativo
En el año 2010 el Sistema Normativo wayuu aplicado por el palabrero, fue declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
El 28 de noviembre de 2008, los palabreros Ángel Amaya Uriana, Sarrakana Pushaina, José Manuel Ramírez, Daniel Ipuana Pushaina, José María Ipuana, Vicente Pushaina, Ismael Pana Epieyu, y Sergio Cohen Epieyu, enviaron una comunicación a la ministra de Cultura de ese entonces Paula Moreno Zapata, donde le manifestaban el interés y el acuerdo de iniciar el proceso de elevar a patrimonio inmaterial de la humanidad el sistema normativo wayuu representado en la figura del palabrero.
Los palabreros fundamentaron su petición argumentando que el sistema normativo comprende un conjunto de principios, procedimientos y ritos que rigen la conducta social y espiritual de la comunidad. Inspirado en principios de reparación y compensación, este sistema es aplicado por las autoridades morales autóctonas: los pütchipü’üis o “palabreros”, personas experimentadas en la solución de conflictos y desavenencias entre los clanes matrilineales de los wayuus.
Cuando surge un litigio, las dos partes en conflicto, los ofensores y los ofendidos, solicitan la intervención de un pütchipü’üi. Tras haber examinado la situación, éste comunica a las autoridades pertinentes su propósito de resolver el conflicto por medios pacíficos.
Si la palabra –pütchikalü– se acepta, se entabla el diálogo en presencia del pütchipü’üi que actúa con diplomacia, cautela y lucidez. El sistema de compensación recurre a símbolos, representados esencialmente por la oferta de collares confeccionados con piedras preciosas o el sacrificio de vacas, ovejas y cabras. Incluso los crímenes más graves pueden ser objeto de compensaciones, que se ofrecen en el transcurso de ceremonias especiales a las que se invita a las familias en conflicto para restablecer la armonía social mediante la reconciliación.
La función de pütchipü’üi recae en tíos maternos –parientes especialmente respetados en el sistema de clanes matrilineales de los wayuus– que se destacan por sus virtudes en el plano ético y moral.
Por otro lado, la Constitución Política de Colombia también protege esa autonomía, pues “las autoridades de los pueblos indígenas podrán establecer funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial de conformidad con sus propias normas y procedimientos siempre que no sean contrarios a la disposición y leyes de la República”, como reza el artículo 246.
Weildler Guerra Cúrvelo, es antropólogo wayuu, docente de la universidad del Norte, en la ciudad de Barranquilla, un estudioso de la cultura wayuu y un defensor del sistema normativo wayuu.
La figura del palabrero sigue vigente en el departamento de La Guajira, pero es imperativo trabajar para que ese legado permanezca en el tiempo , y sea valorado por esos nuevos jóvenes wayuu en honor a quienes con sus sabias palabras han evitado guerras entre familias.