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El perdurable legado de Francisco J. Brito

El legado de Francisco J. Brito

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Por: Hasshi Roncallo Peñalver

Hace algún tiempo, en las cálidas y acogedoras tierras de Riohacha, La Guajira, un 10 de octubre de 1894, nació un hombre destinado a marcar historia en su ciudad. Hijo de Pedro Brito y Catalina Vanegas, Francisco J. Brito se convertiría en un líder ejemplar, que desde entonces, ha dejado huellas indelebles en la cultura y la sociedad de su querida Riohacha.

Su pasión por el folclore y la culturización, lo llevó a trabajar incondicionalmente para el carnaval, lo cual logró a través de los icónicos Bandos de Brito. Estos bandos fueron leídos por primera vez en el carnaval de 1919, y pasaron a convertirse en una tradición que Francisco J. mantuvo viva durante 50 años consecutivos.

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Se caracterizaba por ir vestido con su elegante disfraz, sombrero alto de copa, sacoleva, la rosa del viento en su solapa, corbatín y bastón de mando durante la lectura de los bandos el sábado de carnaval, repartiendo así un sentido de identidad y orgullo en cada lectura que relataba, sin dejar atrás su jovialidad a la hora de hacerlo.

Su porte ´Quijotesco ́, elegante y a la vez cordial, su mirada perspicaz y escudriñadora, su calidez humana y su sentido de pertenencia, lo hicieron un analista de los actos culturales, sociales y políticos y lo ayudaron a posicionarse entre la gente y a convertirse en uno de los personajes de la ciudad más queridos por la misma.

Es por eso que en cada carnaval, su día es representado con su simbólico vestuario, que adorna cada una de las calles de Riohacha con todas las personas que salen a desfilar, personificar y celebrar a su nombre.

Para J. Brito, el carnaval era algo mucho más que una celebración. Era aquella época del año en que la ciudad se unía más que nunca para festejar y disfrutar los bandos, las comparsas, los desfiles y la diversión, y por eso era tan especial. ‘Una vez conversando con él…le pregunté qué entendía por las fiestas del carnaval…”He concebido que la tierra durante los tres días del carnaval, en vez de girar como lo hace siempre, alrededor del sol, gira al revés”’, menciona Roberto Herrera Soto en ‘Carnavales de Riohacha.

La revista’. Francisco J. Brito no sólo se limitó al carnaval, también fue un gestor cultural. En 1948, inauguró la primera Papelería y Librería en Riohacha, con el fin de promover la lectura y el amor por el conocimiento entre niños, jóvenes y adultos. En ella, se distribuía el saber a través de revistas de carácter informativo, literatura general y otros ejemplares traídos desde las principales ciudades del país.

Este emprendimiento, junto a otros como jugueterías, mueblerías y agencias, dan testimonio de su visión social y su compromiso con el desarrollo económico y cultural de la ciudad.

Francisco J. Brito también fundó la Universidad Coma, Beba y Sea Feliz en 1950, junto a Víctor Tovar, Aníbal Brito, José Eduardo Deluque, Carchi Henríquez, Heriberto, Elías Durán, Mario Olaciregui y Manuel Díaz. y otros más. Esta institución, aunque parece peculiar por su nombre, era una encarnación de su espíritu jovial y su compañerismo transmitido en su entorno.

Era la universidad de la cotidianidad, con principios y valores de solidaridad, amistad y camaradería. Era allí donde compartían al calor de un Brandy Domeq.

Contrajo matrimonio con la distinguida señorita Clemencia Herrera Gómez, con quien tuvo siete hijos: Mercedes, Reyes, Pedro, Santander, Bolívar, Aníbal y Jaime.

Su familia fue un reflejo de su vida multifacética. Después, con la señora Margarita Castañeda tuvo otros ocho hijos: Amira, Édison, Héctor, Zenaida, Francisco, Pedro Domeq, Miguel y Antonio. Cada uno de sus hijos heredó parte de su espíritu y su compromiso con la comunidad.

Su liderazgo no pasó desapercibido. La Cuadrilla Pinto, de la cual formaba parte junto a Rafael Aarón, Santiago Zúñiga, Marcos Bruges, Miguel Illidge, José María Ballesteros, Pedro Gómez y otros, sirvió para unir a las personas en torno a sus objetivos comunes y para mejorar la calidad de vida a su alrededor.

Tristemente, el 6 de junio de 1974, Francisco J. Brito Vanegas falleció, dejando un legado que perdura como patrimonio cultural e inmaterial del distrito de Riohacha.

A partir de entonces, sus hijos, sus nietos y sus bisnietos, destacando a Cilia Peñalver Brito, secundada por todos sus hermanos, sus primos, sus compadres y toda la familia Brito Venegas, se han encargado de mantener su nombre en alto. Crearon la ‘Fundación Francisco J.Brito’, que rememora todos y cada uno de sus bandos, y publicaron la revista ‘Carnavales de Riohacha’, que hoy hace tributo a sus actividades carnestolendas, manteniendo viva su memoria.

Hoy, cumpliéndose 51 años de su partida, sólo puedo sentir orgullo de ser bisnieta de Francisco J. Brito, y saber que su influencia sigue resonando en cada rincón de Riohacha.

Este es el testimonio eterno de un hombre cuyo corazón latió por su gente, su cultura, y su ciudad. Desde Riohacha, La Guajira, un abrazo al cielo, bisabuelo.

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