Vacunación masiva en La Guajira, tiene clase social.

Por: : Veeduría a la implementación de la Sentencia T-302 de 2017.

La emergencia social, económica y ecológica que vive el país como   consecuencia del impacto de la pandemia y la aceleración del contagio COVID – 19 durante los últimos meses, en La Guajira puso de manifiesto la necesidad de reiterar la solicitud de contar con una vacunación diferencial, reactiva, masiva y unidosis con cobertura significativa en la parte rural, a nivel de los corregimientos y territorios ocupados por comunidades indígenas.

Lo extenso del territorio y la forma dispersa como lo ocupan las comunidades indígenas, determinaron la realización de acciones especiales que no se encuentran establecidas en el plan de vacunación, consideradas de urgencia dentro del nuevo ciclo y la dinámica del contagio que ha tomado la pandemia

La Organización Mundial de la Salud – OMS, ha documentado los beneficios de la vacunación masiva, mediante el uso de una sola dosis por miembro de una comunidad en riesgo. Se ha encontrado que posterior a ella se registren pocos casos de contagios, rompiendo el circuito de propagación de la enfermedad dentro de las zonas vacunadas.

Las empresas eólicas con proyectos de generación de energía en La Guajira lo comprendieron de manera directa e iniciaron un proceso de incidencia nacional para llevarla a cabo con el objeto facilitar  el desarrollo de las consultas previas de manera presencial  Producto de ello, La Guajira fue el primer departamento en Colombia en acceder a los biológicos de Janssen de manera directa, reactiva,  sistemática y gratuita, expectativas incumplidas ya que en las  rancherías de las zonas de influencia de los proyectos del Fuentes No Convencionales de Energía Renovable – FNCER, aún la vacunación no se hace presente,  indicando que se han quedado en los centros urbanos y núcleos poblados. 

Durante su visita a La Guajira, el Ministro de Salud y Protección Social, Fernando Ruiz Gómez, en la segunda semana de junio, junto al Gobernador Nemesio Roys anunciaron el inicio de la vacunación masiva contra Covid-19 en los 15 municipios del departamento, con la aplicación de vacunas de una dosis en zonas rurales dispersas, para lo cual fueron habilitados 33 puntos de vacunación en el departamento, disponiéndose de las 42 IPS con capacidad para llevar a cabo esta tarea.

Después de 15 días de estar en marcha la estrategia anunciada   con bombos y platillos, ella ha continúa  ausente de territorios rurales dispersos en donde habita el 48% de la población del departamento, desconociéndose la cobertura que tendrá, las áreas específicas para llevarla a cabo, el cronograma de ejecución del plan de vacunación en la zona rural dispersa de los municipios de Manaure, Uribia, Maicao y el Distrito de Riohacha, agenda de atención, el procedimiento de la vacunación que se cumplirá y los procesos de conservación de los biológicos.

La programación se ha venido cumpliendo evidentemente en los centros urbanos. Con la estrategia de la vacunación masiva unidosis se busca la inmunidad del rebaño o “inmunidad colectiva” para generar la protección indirecta contra una enfermedad, que se consigue cuando una población se vuelve inmune como resultado de la vacunación o de haber presentado la infección con anterioridad. En las rancherías tradicionales que tienen acceso a medios de comunicación la población sigue esperando la oportunidad de vacunarse. En otros sectores ocupados de manera dispersa, la población no cuenta con la información pertinente por falta de una promoción de la iniciativa en wayunaiki que la convoque, determinados las bondades de la aplicación de los biológicos, el día, la hora y el lugar de su realización.  A estas alturas y con las amenazas de las variantes brasilera y delta, las vacunas no han legado a las rancherías tradicionales, así como tampoco llegó la tan afamada ayuda humanitaria con gel antibacterial y tapabocas.

Josefa Ipuana Montiel, de 62 años de edad, madre cabeza de hogar del sector de Jarara, Alta Guajira, dice “esas vacunas como las ayudas, solo llegan a los pueblos.  En Uribía, por ejemplo, somos 21 corregimiento sin contar las rancherías y sectores dispersos.  Los alíjunas siempre tiran es para el Cabo de la Vela, Nazareth y Puerto Estrella; dejándole a uno el polvorín, una vez que se toman las fotos del reporte.  Aquí seguimos esperando, como ellos dicen, quédate en casa. Solo hemos visto el helicóptero pasar en su alto vuelo”.

El líder y promotor comunitario wayuu, Jesús Palmar Uriana, indica “a nuestra gente se le debe sensibilizar primero sobre la necesidad de vacunarse y orientarlos al auto cuidado y que se le llegue con algún detalle comunitario, ranchería por ranchería, porque de eso se trata la vacunación, salvar vida y nuestros paisanos mueren de sed y hambre”.

Para lograr inmunidad colectiva wayuu contra la COVID-19 de manera segura, una proporción considerable de la población tendría que vacunarse prontamente, lo que reduciría la velocidad del contagio de virus “pero como hacen nuestros hermanos wayuu, si ni agua ni comida tienen y mucho menos para movilizarse hasta lo centros urbanos con su familia; ¿porque a las rancherías no llegan y programan esas vacunas y concretan  con la gente en sus enramadas?”, pregunta, Cesar Gouriyu Paz, líder docente del  sector de la Sabana,  en Manaure.

Lo cierto es que se hace necesario, adoptar medidas especiales para garantizar una vacunación masiva reactiva y oportuna para la vulnerable población wayuu de los caseríos dispersos, ahora enfrentados a la invisibilización por parte de los gobiernos locales en el contexto de la nueva realidad de los parques eólicos, que empiezan a desembarcar en el territorio ancestral, sin una debida y clara oportunidad de consulta previa e informada.

Personas como Alfredo Pana Pushaina, piensan que de frente a esta situación, toca aceptar la sentencia de la letra de la canción vallenata, cuando dice que “al guajiro hasta la muerte le llega tarde”.  El comenta que en estos momentos los wayuu “viven el peor de los mundos. En este caso sin ayuda humanitaria ni vacuna, en el rezago del olvido de un Estado indolente y rapaz con nuestros recursos naturales, sin medir el costo ambiental y cultural para su explotación, a cambio de nada ware. Cuando se trata de los wayuu, los funcionarios le ponen a la vacunación el chaleco de la clase social y nos dejan de último. Esta es triste la historia que se ha repetido por muchos años”.

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