El hasta luego a Betty María, el Covid19 se la llevó.

Por: Betty Martínez Fajardo.

A sus 51 años Betty María, le dijo un hasta luego a sus dos hijos, a su amor de siempre, a sus padres que jamás imaginaron que un virus llegaría para llevarsela, a su hermano Luchito y a toda una familia que llora su ausencia pero que siempre la recordará por esa forma especial de disfrutar la vida .

Llegó a Manaure un día cualquier por aquello de estar cerca de la familia de sus padres, eso si jamás imaginó que allí sembraría su hogar, el destino le puso en el camino a Ezequiel Morew, un joven moreno de quien se prendó hasta ese 30 de marzo cuando se despidieron porque una ambulancia la traía remitida a la clinica Renacer en Riohacha, delicada de salud afectada por el Covid19. No fue fácil que Betty accediera a ser remitida, la médica Belky Martínez Fajardo, su prima hermana, le explicó en detalle el porque y comprendió, estuvo con ella hasta que llegaron a recogerla, fue una despedida triste pero también de esperanza porque simplemente allí en el hospital del pueblo no se contaba ni con la infraestructura ni los equipos, ni el personal especializado para brindarle la atención que requería.

Betty María y Ezequiel, conformaron su hogar y en medio de las dificultades normales lograron mantener su relación. El, Comunicador Social y Periodista, y ella una joven con deseos de prosperidad que logró cumplir cuando montó un spa o un centro estético muy frecuentado por cientos de clientes, que encontraban allí no solo el servicio profesional sino a su dueña radiante de alegría y siempre tratando de satisfacerlos.

Betty María, siempre fue muy ella, muy bien puesta, disfrutó de una infancia feliz en la ciudad de Barranquilla donde nació y se crió, gracias al amor de sus papas Lucho Suddy y Betty Martínez al lado de sus hermanos Jaime Eduardo (QEPD) y Luchito, asi también fue su juventud.

Fue una madre consentidora como lo recone Ezequiel a quien cariñosamente llaman Ñaña, y quien ahora se esforzará por brindar amor y comprensión a sus dos hijos, como ella le dijo cuando lograron comunicarse por una video llamada luego de lograr salir de la unidad de cuidados intensivos y pasar a una habitación. Como están mis hijos? Bien, ellos están bien. Ella sabía que estaban bien pero una última recomendación no estaba demás. Me los cuidas.

Después de esa conversación que permitió la virtualidad, pasaron unos días y un paro cardio respiratorio le sobrevino en la habitación, fue reanimada y nuevamente ingresó a la unidad de cuidados intensivos, su salud se fue complicando y la mañana de este lunes 19 de abril sufrió otros dos paro cardio respiratorio que se la llevaron para siempre.

Su primo el médico Ubaldo Martínez Pinedo, fue su acudiente mientras estuvo en la clinica, él informaba de su evolución, y fue quien llamó a sus padres para informarles de su muerte, quienes en medio de su llanto no comprendían porque pasó, luego el silencio que duele y el grito de la desesperanza porque no pueden recoger a su pequeña, es que están en Barranquilla porque allá los cogió la pandemia en la casa de su hermano Tomás.

Gladys, es una amiga de la familia que la vio crecer en su natal Barranquilla, y quien por esas cosas del destino se casó con un arquitecto uribiero, familia de la tía Betty la mamá de Betty María, ella fue su acompañante en ese tiempo de enfermedad y le sobrecoge el alma porque no logró que las cartas que le escribieron sus hijos le fueran leídas, a pesar de sus ruegos. Las cartas que Gladys imprimió para Betty María, regresaron en ese morral rosado detrás del feretro que la llevaba de regreso a Manaure, para ser sepultada en el cementerio de manera inmediata sin la mínima posibilidad del abrazo de sus padres, de sus hijos, de su esposo y de su familia.

Ezequiel se encargó de que su ataúd fuera hermoso, es que no podía ser menos eso dijo, porque Betty María no se lo perdonaría, y así fue sencillo pero elegante. Los hombres de blanco llegaron a la clínica, entregaron el ataúd y pasados 20 minutos fue devuelto con el cuerpo de una mujer que luchó por sobrevivir pero no pudo vencer un virus que nadie sabe como actúa. Y es que duele no poder ver al ser querido, duele no poder encontrarse en el abrazo para llorar, para despedirla, duele ver como se la llevó un coche funerario, duele que fue sepultada enseguida, duele que sus hijos y sus padres no pudieran verla, duele que sus familiares y amigos la acompañaran de lejos, duele que un virus la atacó y se la llevó.

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