Otra vez los candidatos golondrina?

La Opinión de Colmenares en Tuuputchika.

Por: Luís Alonso Colmenares Rodríguez

Con la Constitución vigente quedó modificada la forma de elegir e integrar el Senado de la República, incluyendo un cambio importante: la circunscripción nacional de Senado.

En efecto, dice el artículo 171 que “El Senado de la República estará integrado por cien miembros elegidos en circunscripción nacional. Habrá un número adicional de dos senadores elegidos en circunscripción nacional especial por comunidades indígenas”. Es decir, 102 senadores a los cuales se agregaron otros 5 con ocasión del Acuerdo de paz, para un total de 107 senadores que hoy integran esa corporación.

En principio se buscaba que las pequeñas fuerzas políticas pudieran lograr de manera más fácil una curul, consiguiendo votos en todo el país para romper el bipartidismo y el clientelismo político, y por ahí derecho acabar la corrupción.

Ni lo uno, ni lo otro, ni nada. Y parece que el remedio resultó peor que la enfermedad, como lo demuestra la evidencia empírica, al observar que la corrupción está nadando por todas las aguas de la estructura del Estado; requiriendo decretar el estado de cosas inconstitucional a partir de los hechos de corrupción que salen hasta por el tubo del agua.

Nada ni nadie se salva.

La decisión de la ANC tuvo sus críticas al comienzo, porque se corría el riesgo de que algunos departamentos llegaran a quedar sin representación en el Senado.

Y el tiempo les dio la razón, porque desde la expedición de la Constitución en 1991 se han llevado a cabo 8 elecciones de Senado de la República, y hay departamentos que nunca han tenido representación en dicha corporación pública. Pero en cambio hay otros departamentos que prácticamente se han apoderado del Senado a partir del origen de los elegidos.

Después ha habido unos intentos de modificar la forma de integración del Senado y dichas inicitivas no han tenido mayor avance de discusión: porque entre bomberos no se pisan las mangueras.

Sin embargo, el Acto Legislativo 01 de 2003 introdujo algunas modificaciones de relativa importancia a partir de la inclusión de conceptos como el umbral, la cifra repartidora, las listas cerradas y listas semi cerradas; pero se mantuvo la forma de elección del Senado de la República por circunscripción nacional. Con esos ajustes no han cambiado las costumbres políticas, no se han acabado los feudos regionales y, sobre todo, las minorías no han jugado en igualdad de condiciones.

Concentrado el espectro político de La Guajira, la mejor decisión para acabar con esa atomización electoral es que los guajiros nos concienticemos de la necesidad de elegir nuestros propios representantes en el Senado, porque los candidatos foráneos han tomado a La Guajira como el trompo de poner para sus intereses politiqueros. Llegan como las golondrinas que pican y se van, para volver en la siguiente primavera.

Nunca han asumido una responsabilidad con los intereses del departamento y ni siquiera se vinculan a promover y defender los proyectos de desarrollo que La Guajira necesita, como quedó en evidencia con el tren regional del caribe.

A La Guajira llegan candidatos de todas las pelambres a buscar a votos.

Para el próximo debate electoral la comunidad guajira debe pensar con sentido práctico y sacarle beneficio a su voto. Hay que asumir por convicción la elección de senadores guajiros para La Guajira. Hay que volver a los tiempos cuando fueron elegidos Amylkar Acosta y Jorge Ballesteros, guajiros de hacha y machete. Ellos son una muestra de que si es posible votar con reflexión y en defensa de la idiosincracia.

De acuerdo con el censo electoral que se tuvo en cuenta para las elecciones de 2018, La Guajira tiene un registro de 580 mil personas en capacidad de votar, y de ese potencial de sufragantes fueron a las urnas un poco mas de 300 mil personas, lo cual indica, pensando con el deseo, que el departamento de La Guajira está en capacidad de elegir a tres senadores. De los cuales los alijunas pueden elegir dos senadores, y las comunidades indígenas también pueden elegir un senador.

Por eso es que hago un llamado a la reflexión de mis paisanos. No podemos seguir en las mismas condiciones sin representación en el Senado porque esa situación está perjudicando el desarrollo del departamento, en la medida en que no hay quien defienda los intereses de las comunidades guajiras.

Pero claro, el llamado también es para los directoristas departamentales de los diferentes partidos políticos en La Guajira, que deberían dejar de estar negociando la representación electoral con candidatos foraneos; esos candidatos golondrina que llegan, pican y se van, para volver en la siguiente primavera, y llegan sin ningún compromiso porque con su plata dejan todo resuelto.

Los candidatos golondrina llevan a cabo su largo vuelo por varias regiones del país gastando millones de pesos para asegurar la elección, y pasadas las elecciones no tienen compromisos con nadie porque su curul no se la deben a nadie, en razón a que la han comprado con sus millones.

Y en ese sentido, los costos de las campañas electorales han generado un preocupante fenómeno de corrupción por los millones que se gastan para recuperarlos de cualquier forma. Tu sabes…

Por eso ahora, a los que votan, a los que realmente eligen, les propongo una campaña de concientización para castigar a esas golondrinas, y votar por los candidatos oriundos de La Guajira que les diga su conciencia, los que se comprometan a llevar a cabo una labor en el Senado en beneficio del departamento de La Guajira.

Cada vez se hace más necesario modificar el sistema de representación en el Senado de la República, para adoptar una composición en la cual haya un senador por cada departamento, y los otros setenta que sean elegidos por circunscripción nacional. Ese día se acabarán los candidatos golondrina que llegan a picar en la época electoral y se van para volver en la siguiente primavera.

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