Navidad sin plan de acción de acción para los wayuu.

Por: La Veeduría Ciudadana a la sentencia T-302 de 2017.

Estamos viviendo uno de los fenómenos climáticos más rigurosos en el planeta con la confirmación de la llegada del fenómeno de la niña, al que se le atribuyen las fuertes precipitaciones  de agua que se sienten con rigurosidad en nuestro país. Esto sumado a la temporada de huracanes que transitan por el Caribe, los coletazos de Iota y Eta que han afectado a la región norte del país, y los ciclones que ahora golpean con fuerza y mantienen lluvias constantes de hasta 6 horas de duración, han convertido las carreteras y vías en verdaderos arroyos y ríos, que han cobrado la vida de arriesgados transeúntes que intentan ganarle el pulso al agua y terminan arrastrados por las fuertes corrientes. 

En La Guajira el abuelo Juyá, dios del agua, al que los indígenas wayuu han clamado su presencia para mitigar la sed, se ha convertido en una fuerza imparable que inunda cultivos, ranchos y deja a familias enteras sin protección debido al cambio climático, la destrucción del suelo y la deforestación.

La lluvia, lejos de solucionar el problema del agua, que tanto solicitan las comunidades y que está contemplada como uno de los derechos fundamentales de obligatorio cumplimiento con la Sentencia T-302 del 2017, está lejos de ser una solución, por el contrario, ha empeorado la situación de las familias que ven como los arroyos han arrastrado materia orgánica, fecal y desechos a los jagüeyes y precarios pozos que les servían para surtir de agua a sus rancherías.

Las comunidades que contaban con algún tipo de suministro a través de las pilas públicas han quedado incomunicadas y los carrotanques, en su mayoría han parado la operación por el estado de las vías.  “Llevamos 2 meses de lluvias intentas y 7 días de lluvias constantes, el arroyo Kutanamana nos ha cerrado el paso, la semana pasada que mi hija tuvo un accidente me tocó sacarla al centro de salud casi que nadando” afirma Edith Rosales una mujer wayuu que ha visto también como el sustento de su casa se esfuma en medio de los aguaceros. “Yo trabajo vendiendo fritos en las pulgas y he perdido todo, se me mojó el carbón, perdí los recursos porque no hay luz para mantener refrigerados los alimentos, no sé qué voy a hacer y las ayudas no aparecen”

Como ella, comunidades enteras no han recibido ningún tipo de asistencia, ni durante la pandemia y el confinamiento, ni en temporada invernal “Sabemos que hay ayudas que envía el gobierno, lo que no sabemos es dónde se quedan represadas, porque la verdad hay comunidades enteras que no han recibido ni una libra de arroz y con la lluvia están se están muriendo de hambre”. Nos cuenta Herminia Granadillo, líder  del sector de la playa y Santa Rosa en la región de Manaure, quien tiene contacto cercano con la dura situación que vive el pueblo wayuu en medio de la tormenta “Le puedo decir que he visto como se caen los ranchos, como el agua y el viento tumba los techos de yotojoro, como las paredes se deshacen con la lluvia y los animales mueren porque se los llevan los arroyos, la situación es preocupante, niños que comienzan  a enfermarse de gripa y sus cuerpos están tan débiles que es muy probable que no aguanten” Rosa hace referencia a los niños de la  comunidad de Kulutpule en el sector de Santa Rosa en Manaure,  donde los niños se cuentan  por docenas  con su barriga pronunciada y su cabeza casi sin pelo a causa de la desnutrición. “A mí me duele mi gente, me duele mi pueblo, y toco puertas constantemente buscando ayuda, tratando de conseguir cupos en el ICBF, en los centros de recuperación a pesar de estas tormentas, pero a veces nos enteramos que los niños se mueren y  ya es demasiado tarde”.

Esta situación se repite a lo largo de la Alta y Media Guajira, porque con la lluvia llegan nuevos problemas, “las afecciones de la piel en los niños comienzan a notarse y las plagas se han multiplicado y no tenemos control médico, no hay brigadas, la situación se agrava con el paso de los días” afirma Herminia quien sigue luchando bajo el sol y la lluvia para conseguir que las comunidades sean atendidas.

Por otro lado, la sobre abundancia de pescados en la zona costera donde los cardúmenes de ronquito y cojinúa se multiplican, no logran tener salida por la ola invernal “No tenemos como vender los pescados, nadie quiere salir a comprar con esta lluvia y como no hay luz, ni los restaurantes ni las familias compran, todo es una pérdida” relata con tristeza Menejo Epieyú   pescador de la comunidad de Youlet en Manaure.

Recorrer la Guajira  se ha convertido en una odisea, y hasta el más intrépido conductor lo piensan dos veces antes de arriesgarse  “Como ve mi carro tiene cadenas en las llantas para poder andar por las vías, y un viaje que antes costaba 200 o 400 mil pesos hoy está en 600 mil pesos por persona y tiene que ir cargado con arroz y provisiones para aprovechar el viaje pues en estas condiciones un recorrido corto puede tardar hasta 5 horas”

Ante la necesidad,  las comunidades han creado canoas improvisadas   con tanques de gasolina y tablas para cruzar de un lado al otro y puedan  salir a buscar comida, pero los accidentes se siguen presentando ante las arriesgadas maniobras y cada día se reporta una nueva víctima que falleció tratando de cruzar por sus propios medios. Las comunidades están desesperadas e intentan lo que sea para poder buscar el sustento para sus familias, para tener comunicación y pedir ayuda.

Aún el censo de familias damnificadas no se ha podido totalizar, pero en la zona de Uribia y su periferia los barrios San José, Villa Fausta, Fuerza Wayuu, Patio Bonito, Las Mercedes y La Florida y comunidades como el Poportín, Arema, Soruipa, Cardón, Cabo de la Vela, Tawaira se encuentran anegados, se calcula que unas 1.300 familias necesitan ayuda de manera urgente, pero la cifra comenzará a aumentar a medida que la lluvia permita un registro detallado en todo el departamento.

Docenas de videos circulan en la redes mostrando la magnitud del desastre que deja hasta el momento esta temporada invernal en La Guajira y aún los habitantes esperan que se  declare en todo el departamento la calamidad pública, para que las ayudas también se canalicen de manera urgente a La Guajira, así como se han  movilizado a Bolivar, San Andrés y Chocó pues la situación es tan grave como en estos departamentos.

Hoy queda demostrado la urgencia de la  implementación de la  Sentencia T-302 del 2017 para que la comunidad wayuu logre enfrentar este tipo de emergencias, que embate con fuerza una región donde el estado de cosas inconstitucional aún se mantiene

El cambio climático es innegable, la pandemia es algo que no se puede controlar, pero enfrentarlos con condiciones adecuadas de agua, alimentos y salud garantiza que el pueblo wayuu no tenga que estar frente a las amenazas sin que se les brinde la oportunidad de luchar de manera igualitaria y justa.

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