El viacrucis de una mujer wayuu para regresar a descansar en paz a su territorio.

Es urgente un protocolo diferencial para comunidades indígenas.

Por: Betty Martínez Fajardo.

El fallecimiento la madrugada del cuatro de mayo,  en la clínica Renacer en Riohacha, de Paulina González Epieyu, una mujer wayuu, quien llegó remitida de la clínica Talapuin del municipio de Uribia, con seis meses de embarazo pero su bebe sin signos vitales,   y a quien se le activó el protocolo de Covid-19 porque también presentó problemas respiratorios,  dejó al descubierto las falencias que existen para que pudiera ser sepultada en su territorio de acuerdo a sus usos y costumbres.

Paulina, solo pudo regresar a su tierra en el municipio de Manaure, la mañana de este jueves 6 de mayo,  porque de acuerdo al protocolo del Ministerio de Salud, su cuerpo debía ser cremado o sepultado en el cementerio del sitio donde falleció, al habérsele activado el protocolo de Covid-19. Los resultados de la prueba que se aplicó a la paciente aún no se conocen.

Esa situación, generó la reclamación de sus familiares a la gerencia de la clínica quien atendiendo los lineamientos del Ministerio de Salud y Protección Social, no se encontraba facultado para la entrega del cuerpo, razón por la cual debía actuar  de acuerdo a los protocolos nacionales de manejo de cadáveres.

Cuenta el gerente de la clínica Renacer, Frank Pacheco, que luego de una serie de diálogos entre la Administración Temporal de Salud, la Secretaria de Asuntos Indígenas departamental, los secretarios de gobierno departamental y de Manaure y Uribia, y del antropólogo Wilder Guerra Cúrvelo, se llegó a la conclusión que se entregaría el cadáver para ser trasladado a su territorio con todas las recomendaciones de bioseguridad y en cumplimiento de los protocolos que exige el Ministerio de Salud, como que el cuerpo sin vida de Paulina, se sepultara  de manera inmediata en su cementerio familiar.

La paciente

Paulina González Epieyú, de 31 años, ingresó a la clínica Talapuin en el municipio de Uribia,  el día 30 de abril, con síntomas de vómito, presión alta y fiebre procedente de la comunidad de Karinasain de la zona de San Francisco jurisdicción del Cerro de la Teta muy cerca de la frontera venezolana donde convivía con su cónyuge, de acuerdo a información entregada por Alfonso Epieyu, su tío materno.

La paciente fue remitida de urgencia a la clínica Renacer en Riohacha, puesto que presentaba un embarazo de seis meses pero él bebe no presentaba signos vitales.

De acuerdo al relato del gerente de la clínica Renacer, Frank Pacheco, la paciente llegó muy complicada, con una infección muy avanzada porque no la desembarazaron en el centro asistencial  donde fue atendida inicialmente. “Él bebe estaba muerto,  no  la desembarazaron,  sino que la enviaron así hizo una infección interna y eso la complicó y falleció”.

Agregó, que inmediatamente fue internada en una unidad  de Cuidados Intensivos, además  que en la clínica se le hizo el examen de valoración inicial y la encontraron con problemas respiratorios,  razón por la cual se activó el protocolo de Covid-19 como lo ordena el Ministerio de Salud y Protección Social, y se le aplicó la prueba, cuyo resultado al momento no se conoce aún.

Explicó, que una vez falleció se le informo a sus familiares, y se generó un conflicto delicado que existe entre el tema de la cultura indígena y los lineamientos nacionales que tienen que ver con los protocolos del Covid-19  para el manejo de cadáveres

“Ayer se dialogó sobre la situación entre varias autoridades, entre ellas la de Salud, y se llegó a la conclusión que por el tema de usos y costumbres se podía entregar al cadáver a los familiares, quienes se comprometieron a cumplir  con los protocolos que requiere ese tema”, dijo.

Protocolo con enfoque diferencial

La situación vivida por los familiares de Paulina, propició también un dialogo virtual  entre varias organizaciones, antropólogos, sociólogos en el que quedó claro que es urgente que el Ministerio de Salud adopte un protocolo diferencial para atender esos casos.

En ese sentido, el Antropólogo Wayuu Wilder Guerra Cúrvelo, dio a conocer sus consideraciones sobre el tema, argumentando por ejemplo que el reto actual de los países, declarado por la Organización Mundial de la Salud, es el de “encontrar el equilibrio entre proteger la salud, minimizar el trastorno económico y social y respetar los derechos humanos”.

Dijo, que en la cuarentena surgen pequeñas tiranías locales que van en contravía de ese lineamiento universal.

Calificó como un acto arbitrario e inviable es  el de obligar a Pueblos indígenas como el wayuu a enterrar  a sus muertos por fuera de su territorio, pues es ignorar el sentido rico y culturalmente complejo de los cementerios en el orden territorial y social indígena.

“Nuestros cementerios no son simples reservorios de cadáveres pues ellos constituyen hitos espaciales y de memoria que marcan la precedencia y la continuidad de un grupo familiar sobre un territorio determinado”, dijo.

En ese mismo sentido, precisó que al nacer en un lugar específico un wayuu es proveído de un origen y un destino.  En consecuencia,  los cementerios son lugares de pertenencia a los que están asociados y destinados desde su  nacimiento. “Cada cuerpo enterrado allí refrenda un orden territorial,  una voluntad de perseverar dentro de él y unos derechos colectivos”.

Puntualizó que los cementerios wayuu son una especie de cronotopos: lugares en donde se funden el espacio y el tiempo.  En dicho lugar  se accede  a un tiempo singular que hace que el pasado se vuelva accesible a las generaciones que no lo vivieron físicamente.

“Si apelamos a la metáfora de la guerra las familias wayuu comprenderán que todo fallecido por Covid deberá recibir el trato de alguien muerto dentro de ella. Se sepultará prontamente y su ritual funerario será aplazado por varios años incluso hasta su segundo entierro. Eso está en la tradición y es comprensible. Pero lo que es inadmisible y socialmente inviable es que alguien sea enterrado en lugar contrario al de la voluntad del grupo familiar del ser fallecido como ahora se pretende imponer”, puntualizó.

Por su parte, la médica Pediatra, Ileana Curiel,  dijo que ese protocolo diferencial no puede esperar, es una ruta que se debe concretar y comunicarla.

En ese sentido, la médica manifestó que es importante dejar claro cómo se adaptan los rituales para quienes mueran por Covid-19 o a quien se les asocie  como el caso de la mujer wayuu referenciada.

“Hay que considerar algunas excepciones a rituales concertados”, dijo.

Argumentó que la justificación y la urgencia de las orientaciones con enfoque diferencial y étnico wayuu son importantes,  porque se deben comunicar para que las personas del territorio las conozcan y puedan actuar en consecuencia.

Por su parte, la organización indígena Nación Wayuu,  en un comunicado de prensa, dijo que se estaba frente a una situación de fallecimiento de una persona sujeta de especial protección constitucional en el entendido que los pueblos indígenas gozan de una legislación especial como lo establece el artículo  246 de la Constitución Política de Colombia.

Finalmente, Paulina fue sepultada en su cementerio familiar, luego de librar una fuerte batalla para descansar tranquila al lado de sus seres queridos pero añorando el velorio que le arrebató ese extraño virus que se conoce como Covid-19.

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