Montería, con las manos abajo por el aislamiento social obligatorio.

Sus días sin trabajo por el Covid- 19

Por: Betty Martínez Fajardo

El popular Montería y su caja de lustrar zapatos. Foto: Betty Martínez Fajardo

Cada mañana muy temprano, Montería llega a su sitio de trabajo en la plaza Padilla, en Riohacha, para atender a sus clientes que buscan darle brillo a sus zapatos.

Hace 36 años pisó la capital de La Guajira,  lugar donde encontró lo que la vida le ha dado, su caja de embolar, una mujer con la que tuvo siete  hijos ya mayores de edad  y de la cual se separó, otra con la que vive actualmente y le cría los dos hijos que ella le trajo, los amigos que siempre lo ayudan en sus momentos de dificultad, y el Coronavirus que lo tiene con las manos abajo porque sus clientes están resguardados.

En estos días del aislamiento social obligatorio, llegó al sitio de siempre esperanzado en poder ganarse unos pesos para cumplir con el sustento de su familia, las horas pasaron y pasaron pero nadie llegó lo que recibió como una corazonada que vendría momentos muy difíciles.

A sus 57 años, dice Montería que jamás ha vivido una situación como la actual, eso del aislamiento social obligatorio como el recuerda es muy difícil, porque llegó de un momento a otro a complicarle el diario vivir.

“Todo por el Coronavirus, pero que hago, me toca guardarme para no contagiarme y como hago para ganarme la plata del diario de la casa”, reflexiona en medio de un diálogo en  el cuarto día del aislamiento en su sitio de trabajo.

Jesús Manuel Garces conocido como Montería, reconocido embolador de la plaza Padilla en Riohacha. Foto: Betty Martínez Fajardo.

Para Montería, lo que está viviendo es caótico, lleva cuatro días sin una embolada, más lo que vienen porque no puede salir a trabajar, “es duro llegar uno a la casa sin nada,  acostarse con las mismas,  no es lógico nos tienen que dar algo”.

Tiene claro lo que es Covid-19 y porque debe estar aislado, pero se arriesga a salir con su caja de embolar porque a lo mejor se tropieza con alguien a quien le pueda brindar  el servicio, o un buen amigo que le preste o regale dinero para poder sobrevivir en estos días de soledad.

“Mire son las 4.35 de la tarde, hoy no me he llevado un peso,  tengo cuatro días  así, me voy sin nada, pero bueno yo creo que estas son bendiciones de Dios hay que echar para adelante”, dijo.

La caja de lustrar zapatos de Montería. Foto: Betty Martínez Fajardo.

Su trabajo

Pasada las seis de la mañana Montería llega a la plaza Padilla con su caja de lustrar zapatos la cual contiene los betunes de diferentes colores, cepillos, el trapo de brillar, además del champú  y la silla para sus clientes.

Después de saludar acondiciona el sitio que queda justo frente a la Catedral Nuestra Señora de los Remedios, esperando a  los clientes que para su fortuna nunca faltan.

Algunos vienen de años como es el caso del abogado Albert Barros, quien  no ha perdido la costumbre de charlar con Montería sobre lo que acontece en la ciudad.

A su memoria llegan entonces, algunos momentos de la plaza Padilla, como “el congresito”, una reunión de varios riohacheros que discutían sobre temas importantes de la ciudad y la vida política del país.

No olvida tampoco a ciertas personas que ya no están, pero de los cuales guarda gratos recuerdos como el señor Chichimon Ávila y Eurípides Vidal, “esas eran personas educadas, unos señores en todo el sentido de la palabra, siempre me saludaban y me reconocían”.

“Mi juventud fue aquí en el parque Padilla, la gente de la Vieja Guardia me conoció”, manifestó.

También recuerda a Nelson Amaya Correa, a Rodrigo Dangond, y guarda especial cariño a Román Gómez Ovalle y Jorge Ballesteros Bernier.

De su oficio de lustrar zapatos, Montería se gana diariamente entre 50 a  70 mil pesos, de allí religiosamente debe pagar 17 mil pesos diarios en la residencia donde vive con su actual mujer y sus dos hijos menores  de edad.

Hace 36 años llegó Montería a Riohacha. Foto: Betty Martínez Fajardo.

“Imagínese que ahora vivo en una residencia, en el barrio Camilo Torres,  porque el año pasado ayude a una muchacha extranjera con un amigo para que hiciera un curso para que pudiera trabajar aquí, ella es agrónoma, y vivió en mi casa en la calle 17 en el barrio María Eugenia, tres meses, un día regrese y no encontré nada, me dejo en la calle, yo puse la denuncia en la Fiscalía”, relató en medio de un dejo de tristeza.

Es un hombre ordenado, limpio, le gusta vivir cómodamente, por eso le dio muy duro cuando le robaran todo lo que adquirió con tanto esfuerzo.

“Espero volver a tener mis cosas, pero no es fácil, la situación económica en la ciudad ha cambiado en estos últimos años, y mire Usted, ahora con este coronavirus”, expresó en tono bajo.

Pero Montería, no solo es el simple lustrador, él aspiró al Concejo de Riohacha, fue Edil y ahora va a aspirar a la Junta de Acción Comunal del barrio Camilo Torres, donde reside con su familia.

En medio de la dificultad porque no podrá trabajar por estos días, confía en que esos buenos amigos se acuerden de él porque no tiene acceso a ninguna ayuda del gobierno, “yo trabajo, no estoy en familias en acción, no soy aún adulto mayor”.

Jesús Manuel Garcés, es todo un personaje en Riohacha, es  Montería, y por estos días recuerda algo que le enseñó su padre “donde llegue nunca llame plata, llame amistad porque la plata se hace  y la amistad no”.

Monteria

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