Líder wayuu alerta sobre la falta de agua en comunidades dispersas de la Alta Guajira.

Los Wayuu con miedo por la pandemia del Covid-19.

Por: Betty Martínez Fajardo

David Rodríguez Epieyú- Autoridad Tradicional Wayuu.

David Rodríguez Epieyu, autoridad tradicional y ancestral de las comunidades de Irraipia y Kurasiamana, en la Alta Guajira, sigue alertando sobre la falta de agua y comida en ese extenso territorio.

Desde su ranchería está clamando al gobierno nacional, al departamental de La Guajira y al municipio de Uribia, ayuda para proteger a las familias indígenas especialmente de la pandemia del Covid-19.

“Los wayuu tenemos derecho a la vida”, dice David en su lengua ancestral, por eso su llamado urgente a las autoridades para que tracen un plan de contingencia para la pronta atención de todas esas familias que hoy se encuentran en estado de indefensión.

El fuerte verano sigue golpeando a las comunidades indígenas, los jagueyes están secos porque no está lloviendo y muchos pozos profundos están fuera de servicio por falta de mantenimiento.

“Estamos con sed y hambre”, es el clamor generalizado de las miles de familias que habitan  ese extenso territorio de la zona norte de Colombia.

Para la autoridad Tradicional, David Rodríguez Epieyu, la situación es calamitosa, porque ahora se suma la pandemia del coronavirus, que de alguna manera los afecta porque deben someterse al aislamiento social  obligatorio, decretado por la Presidencia de la República, y para lo cual tampoco están preparados.

Las familias wayuu, siguen padeciendo por la falta de agua, por eso llaman la atención de los gobiernos para que los atiendan especialmente en esta situación de emergencia por el coronavirus. Foto: Betty Martínez Fajardo.

“Nosotros somos colombianos, la etnia wayuu no se puede dejar acabar así”, expresó en medio de su angustia por el abandono que persiste de las entidades del Estado para protegerlos.

A su mente llega la época en que le tocó también lidiar con el cólera y, observar como muchos de sus paisanos murieron por falta de una atención oportuna.

“Estar todos dispersos, sin vías de acceso, sin agua, nos coloca en alta situación de vulnerabilidad”, expresó.

Mujeres wayuu, les toca caminar kilómetros y kilómetros en busca de un poco de agua para sus familias. Foto: Betty Martínez Fajardo.

El cólera

Reportes de medios de comunicación recuerdan por ejemplo, que las comunidades wayuu fueron las más afectadas por el cólera en los años de 1.996 y 1.997, cientos de ellos murieron por la falta de agua y atención de manera oportuna. Los  hospitales no contaban con los equipos e insumos necesarios para atender la emergencia, ni tampoco con el suficiente personal médico.

Para el mes de julio de 1.996, las autoridades de salud reportaron 874 casos de cólera en todo el departamento de los cuales 220 correspondían al municipio de Manaure, y 50 personas murieron en ese lapso de tiempo.

La situación fue tan delicada, que en la Alta Guajira las actividades académicas fueron suspendidas porque los estudiantes pasaron a integrar las brigadas que recorrían las comunidades indígenas en busca de afectados por el cólera para poder llevarlos a los hospitales o centros de salud más cercana.

Para esa época, Elías Daza, se desempeñaba como director del Departamento Administrativo de Salud –Desalud-, aseguraba que los casos recurrentes de cólera en Manaure, se debía a la falta de agua potable para el consumo diario de las familias indígenas.

El médico, Edgar Fuminaya Tromp, Secretario de Asuntos Indígenas en ese tiempo expresaba que la preocupación radicaba en que el virus podría presentar cierta resistencia a la medicación.

Zona de Portete en la Alta Guajira, al fondo se observa un cementerio wayuu sitio que demuestra su permanencia en el territorio. Foto: Betty Martínez Fajardo.

Lecciones del pasado

Weilder Guerra Cúrvelo, es un wayuu de casta, y tiene bien claro el vivir de su gente. En su reciente columna publicada en El Heraldo, afirma que la situación de los pueblos indígenas frente a la pandemia del Coronavirus es muy preocupante dada su extrema vulnerabilidad.

Además que el estado de salud de sus miembros es de por si precario debido a su limitado acceso a los servicios de salud, la escasez de agua potable y las altas tasas de desnutrición.

“Las actividades económicas de estos pueblos sufrirán un impacto demoledor por la pandemia pues sus artesanías, así como los excedentes de la pesca, el pastoreo, la recolección de frutos y la agricultura no tendrán la habitual salida en los mercados”, dice.

En la columna Guerra Cúrvelo, recuerda que momentos como el actual el pasado sirve como un reservorio de la experiencia para evitar la repetición de situaciones favorables a la letalidad de la enfermedad.

Las cifras volvieron a su memoria cuando en marzo de 1.991 el país afrontaba una nueva epidemia de cólera, en noviembre de ese año se presentó un brote inesperado en el Puerto de Bahía Portete por un barco panameño que había transportado agua contaminada en sus depósitos. En enero de 1.992 ya habían sido atendidos en los hospitales 1.170 indígenas wayuu con síntomas de cólera, 19 ya habían muerto a causa de la enfermedad y decenas lo harían en los meses siguientes.

“Cada persona fallecida era objeto de un concurrido velorio en el que contaminaban decenas de personas y así se continuaba en una dolorosa espiral. En una comunidad llamada Ichitu se dio sepultura a doce miembros de una misma familia”.

Plantea el ex gobernador Weilder Guerra Cúrvelo, que frente al coronavirus es imperativo suministrar información oportuna a los pueblos indígenas, contenidos que deben transmitirse en las lenguas nativas.

“El exceso de confianza ante el coronavirus puede ser tan peligroso como el pánico generalizado. Inexorablemente todo resquicio abierto para no cumplir con las medidas sanitarias y la cuarentena lo pagaremos con valiosas vidas humanas. Cumplamos con el distanciamiento físico con mucha cercanía emocional”, plantea.

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