El Distrito no avanzó en la solución de sus problemas de siempre.

Alcaldía del Distrito de Riohacha. Foto: Betty Martínez

Riohacha espera un desarrollo que no llega.

Por: Betty Martínez Fajardo.

A pesar de su potencial, los planes de desarrollo propuestos en los últimos años no han sido efectivos. El último, ‘Riohacha, incluyente y sostenible’, fue calificado como un plan ambicioso, pero pobre en ejecución.

Riohacha, la capital de La Guajira, sigue estancada. La corrupción, que ha derivado en un caos administrativo, le sigue pasando factura. A pesar de su ubicación estratégica en el norte de Colombia y muy cerca de Venezuela, que ha servido para calificarla como promesa del Caribe colombiano, y que las últimas administraciones han presentado planes de desarrollo que apuntan a rescatarla, continúa siendo una de las ciudades con indicadores sociales bajos. 

La situación más crítica comenzó el 25 de octubre del 2015, cuando Fabio Velásquez Rivadeneira (Cambio Radical) ganó la Alcaldía de Riohacha con 34.356 votos, la cifra más alta en la historia del municipio desde que hay elección popular. La comunidad se volcó a las urnas, con la esperanza de que un catedrático, administrador de empresas, especialista en economía internacional y magíster en desarrollo social sacara adelante el Distrito Turístico y Cultural. Con este respaldo, se posesionó en enero del 2016 en la comuna 10, reconocido sector popular, acompañado de su esposa, Basilica Epieyu, líder wayuu, de quien se separó a los pocos meses. 

Sin embargo, el 31 de enero del 2017 (13 meses de mandato) fue detenido cuando presidía un Consejo de Gobierno. La Fiscalía lo señala de irregularidades en la celebración de un contrato por $ 5.700 millones del Programa de Alimentación Escolar (PAE), por el cual ya fue destituido e inhabilitado por la Procuraduría. A partir de ese momento, la ciudad en 40 meses ha tenido ocho gobernantes, entre los que se cuentan siete alcaldes encargados y Juan Carlos Suaza Móvil, quien se posesionó el 7 de diciembre del 2018, tras ganar las elecciones atípicas, para terminar el periodo en diciembre del 2019.

Fabio Velásquez Rivadeneira, ex alcalde del Distrito de Riohacha

Velásquez Rivadeneira, a pesar del poco tiempo en la alcaldía, logró que el concejo aprobara su Plan de Desarrollo ‘Riohacha, incluyente y sostenible’. La meta era clara para el 2019: hacer de la ciudad «un destino turístico, educado, sostenible, productivo, urbanísticamente ordenado y consolidado social y económicamente, con equidad e inclusión, desde un enfoque de derechos humanos, diferencial y territorial, como actores del desarrollo y en perspectiva de la construcción de paz».

Cesar Arismendy Morales, ex secretario de Hacienda Departamental.

En su momento, el Plan de Desarrollo de Velásquez Rivadeneira fue bien recibido. César Arismendy Morales, economista y exdirector del Centro de Pensamiento Guajira 360°, dijo que se destacaba por incluir varios objetivos que complementaban los relacionados con «el goce efectivo de derechos», propuesto por el departamento de La Guajira, como entidad coordinadora del desarrollo económico y social.

En él se abordaban, por ejemplo, acciones que apuntaban a cerrar las brechas sociales; a promover objetivos de desarrollo sostenible, respetando la diversidad étnica; a disminuir la mortalidad infantil en la población indígena; a fortalecer la institucionalidad, para crear condiciones de convivencia pacífica; a apoyar el desarrollo productivo; a promover procesos de adaptación al cambio climático, y la participación ciudadana y el buen manejo de recursos.

Eduardo Romero, investigador

El investigador Eduardo Romero recalcó que el eje de desarrollo socioeconómico planteaba programas dirigidos al mejoramiento de la calidad de vida, con trabajos específicos en educación, salud, tecnologías de la información, turismo y agro. Todo bajo la creación de empleo formal, aumento de la calidad educativa y fortalecimiento de la confianza empresarial, para incentivar la inversión privada, entre otros. 

Tenían razones para el optimismo. Según el Sistema de Información para la Eficacia y la Eficiencia (SIEE), del Departamento Nacional de Planeación (DNP), en el Plan de Desarrollo de Riohacha se incluyeron 17 objetivos, que agrupaban 678 metas para el cuatrienio. Los que integraban el mayor número de ítems eran: Trabajo decente y crecimiento económico, con 109; Paz, justicia e instituciones sólidas, con 90; Hambre Cero, con 80, y Educación de Calidad, con 74. En estos se concentraron casi la mitad de las tareas.  

En el papel, era lo que quería gran parte de la población: sacar a la ciudad del listado de los municipios con los peores indicadores del país. Pero al analizarlo en detalle, según investigadores económicos, gestores culturales, concejales y líderes sociales, este fue un plan ambicioso en visión, pero pobre en ejecución. Si a esto se le suma que ningún alcalde lo impulsó con decisión, se encuentran razones suficientes para decir que la capital de La Guajira siguió perdiendo tiempo para salir de su rezago. 

Incumplimientos del plan

Si bien Riohacha es un municipio que maneja en promedio un presupuesto cercano a los $340.000 millones por año, este Plan de Desarrollo tenía un problema: no se detallaba cómo iba a ser ejecutado cada programa. La visión del plan mencionaba intercambios comerciales a gran escala y promoción de las asociaciones público-privadas (APP). Para completar, si bien el plan abarcaba sectores clave para impulsar la competitividad y la sostenibilidad, las metas que se pudieron identificar se quedaron cortas o los alcaldes encargados no las cumplieron.

Esto lo evidencian las cifras reportadas en el SIEE del DNP. En el seguimiento que hizo la entidad nacional, se encuentra que, pese a que

Al analizar en detalle la ejecución de los tres primeros años, la salud con $279.000 millones y la educación con $194.000 millones fueron los sectores que concentraron el 87 % de la inversión. Sin embargo, en este punto hay dos realidades: mientras en el primero, el promedio de cumplimiento de objetivos alcanzó casi el 80 %, en el segundo apenas fue del 28 %, en el que se demostró poco avance.  

Los otros $70.000 millones se repartieron entre 16 sectores, en los que la eficiencia tampoco fue pareja. Salvo Deporte y Cultura, en los que se cumplieron en promedio casi el 65 % de las metas, en el resto se hicieron millonarias inversiones que se quedaron cortas. Por ejemplo, en agua potable y saneamiento básico se invirtieron entre el 2016 y el 2018 casi $24.000 millones y al promediar el cumplimiento de objetivos, no supera el 35 %. O en transporte, en el que pese a que se invirtieron el año pasado casi $14.000 millones, el cumplimiento apenas llegó al 13 %.

A estos se suman otros casos con inversiones tan pobres como sus resultados. Así lo demuestran los sectores de servicios públicos diferentes a acueducto, en los que se invirtieron $ 655 millones; vivienda, con $ 150 millones, y el sector agropecuario, al que, según el reporte recibido por el DNP, se destinaron $ 96.000. En ninguno de estos el cumplimiento superó el 5 %.

Poco impacto

Quizás sean suficientes estos datos para explicar por qué el impacto en lo social fue mínimo. En cuanto a la meta de reducción de la informalidad laboral, si bien en el Plan de Desarrollo señaló que la tasa reportada para enero de 2016 era de 72,04 % y su meta en el cuatrienio era disminuirla a 60 %, por un lado, la meta era alejada del promedio de las 23 ciudades más importantes del país (47 %). Por el otro, al revisar las bases de datos del DANE, la cifra real de informales para el primer trimestre del 2016 era de 65,1 %. A la fecha este indicador está en 64,3 %.

En reducción de la pobreza fue peor. En el 2015 Riohacha registraba una pobreza monetaria del 41 % y una pobreza extrema de 12,7 %. El objetivo del Plan de Desarrollo 2016-2019 era disminuir la primera a 39,4 % y la segunda a 10,4 %. No obstante, según un estudio del Banco de la República, en los últimos años la ciudad estuvo en contravía de la tendencia nacional. Sus indicadores aumentaron a 47,5 % y a 16 % respectivamente, con cifras similares a las del 2010. 

En agua potable y alcantarillado, otra urgencia de la ciudad, llamó la atención la poca inversión. Pese a que solo hay cobertura del 72 %, en los últimos años las principales obras contratadas fueron la recuperación de la antigua línea de conducción, por valor de $ 2.700 millones (que sigue en ejecución), y la recuperación del sistema de alcantarillado de los barrios Entre Ríos, José A. Galán y Buenos Aires.

A las víctimas tampoco les cumplieron. Niria Brito, miembro de Víctimas Comunales, denuncia que no se realizó la promoción y difusión de la memoria histórica; no se implementó el plan integral de prevención y protección ni la caracterización de la población. Para colmo, Brito fue declarada enemiga de la Administración, por querer saber en qué se estaban gastando los recursos. Fuera de que no le respondieron, dice, la amenazaron. «Uno de los operadores me dijo que él estaba acostumbrado a enterrar y ver enterrar», relató.

Todo esto sin contar que el año pasado el 49,1 % de la población de Riohacha seguía con necesidades básicas insatisfechas y superaba al departamento (44,6 %), y muy por encima del promedio nacional (27,7 %). El desempleo sigue siendo uno de los más altos de las ciudades capitales (17,1 % al cierre del 2018) y, en el escalafón del Índice de Competitividad, en el 2018 la ciudad ocupó el último lugar entre las 23 capitales monitoreadas.

Los casos se repiten en casi todos los programas y sectores, como el de vías y transporte, que fracasó en su idea de promover la movilidad sostenible, o el de gobierno, que pretendía instalar 70 cámaras o plantear políticas para mejorar la seguridad. La lista de iniciativas que siguen en el papel es larga.

Los efectos

El desalentador panorama, producto de los efectos del caos político y administrativo hoy se refleja en dos aspectos puntuales. El primero, en el estancamiento de indicadores como cobertura educativa, vivienda, empleo y servicios públicos. El otro, en los resultados de la Medición de Desempeño Municipal (MDM) del 2017 (la última disponible), elaborada por el Departamento Nacional de Planeación (DNP), que califica la gestión de las administraciones frente a la calidad del gasto. 

En cuanto al Desempeño Integral de Municipios, que evalúa el cumplimiento de las metas de sus planes de desarrollo, Riohacha presenta una disminución en su calificación, al pasar de 68 en el 2016 a 61,7 en el 2017. De acuerdo con un informe de la Cámara de Comercio de Riohacha, esto se traduce en un retroceso en la cobertura de servicios, algo que se complica por «la baja capacidad de recaudo de recursos propios, que limita la inversión en proyectos de desarrollo, lo que conlleva a (sic) depender en su mayoría de los recursos del Sistema General de Participación».

Jhon Dilver Maestre, ex alcalde y ex secretario de Planeación de Riohacha

Ante este fracaso, los políticos tienen una explicación. Jhon Dilver Maestre, quien fue secretario de Planeación del Distrito y uno de los alcaldes encargados en el periodo de la crisis, explica que la dificultad radicó en que el Plan de Desarrollo ‘Riohacha, incluyente y sostenible’ planteaba una visión ambiciosa con metas muy altas, «muchas de ellas desproporcionadas, con la acción que plantearon para el cuatrienio».

Agrega, por ejemplo, que los alcaldes que sucedieron después de ese primer año de gobierno, perdieron la oportunidad de plantear ajustes a las metas ante el concejo, lo que hubiera significado mayores posibilidades para cumplirlas en el tiempo que fija el Departamento Nacional de Planeación. «Tocó amarrarse a esas metas, a sabiendas de que al momento de la evaluación la calificación iba a ser muy por debajo del promedio aceptable».

Alvaro Romero Guerrero, Presidente Cámara de Comercio de La Guajira

¿Entonces qué hacer para cambiar el rumbo? Álvaro Romero Guerrero, presidente de la Cámara de Comercio de La Guajira, considera que son los ciudadanos quienes pueden ayudar a que el Distrito de Riohacha pueda salir de la crisis institucional y económica en la que se encuentra. ¿Cómo? Eligiendo en los comicios regionales que se avecina a un buen gerente, que tenga claro que debe trabajar de la mano con el Gobierno Nacional. «Mientras no tomemos conciencia de esto, no vamos a lograr ese desarrollo que tanto anhelamos», dice.

Manuel Sierra Deluque, ex candidato alcaldía de Riohacha

Para Manuel Sierra Deluque, exsecretario de Hacienda y excandidato a la alcaldía, es clave la planificación; trabajar en proyectos prioritarios; hacer un cobro eficiente de los recursos propios, representados en los impuestos de industria y comercio, predial, entre otros de ley, y establecer canales directos de comunicación con el Gobierno Nacional. «Debemos crear unas mejores condiciones. No es fácil, pero si formamos un buen equipo y nos ponemos de acuerdo y no estamos tan distraídos cada uno jalando para un lado, creo que tenemos con qué sacar a Riohacha adelante», concluye.

Pasados tres años y medio de la elección de Fabio Velásquez Rivadeneira, para los habitantes de Riohacha es claro que su hoja de ruta de poco sirvió, pues siguen padeciendo los problemas de siempre: los peores indicadores de pobreza del país, desempleo, dificultades en la prestación de los servicios domiciliarios, inseguridad, un crecimiento urbanístico desordenado, informalidad laboral y caos en la movilidad. 

A pesar de que al frente está un nuevo alcalde, este tendrá que administrar en medio de una nueva contienda electoral, en la que seguramente se volverán a escuchar nuevas propuestas y la promesa de que esta vez sí Riohacha saldrá de su rezago. Será clave revisar cada Plan de Gobierno, pero cambiar el rumbo y elegir de nuevo estará en manos de sus pobladores.

Investigación: Pistas para hacer del Desarrollo Nuestro Plan: Consejo de Redacción, Konrad Adenauer Stiftung y Universidad Javeriana.

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