Riohacha como ciudad: tradición y modernidad

Por: Orlando Mejía Serrano

La escritora riohachera Hilda Lubo Gutiérrez dio a la luz recientemente el libro Crónicas Riohacha 473 años que, al decir del poeta Víctor Bravo Mendoza, constituye un recorrido “por los aconteceres cotidianos de nuestra urbe desde lo periodístico, lo histórico y lo literario”. La obra incluye 6 crónicas y despliega su mirada sobre hechos y acontecimientos que han marcado el devenir de la ciudad capital, algunos de los cuales derivaron marcas identitarias de hondo arraigo entre sus habitantes.

Catedral Nuestra Señora de los Remedios – Foto Carlos Capela

Once veces Riohacha, por ejemplo, se adentra en los orígenes históricos de Nuestra Señora de los Remedios del Río de la Hacha, “la ciudad de perlas, la de todos y de nadie, la añorada y olvidada por años de desaliento; la que enamora sin esperar nada a cambio y la que seduce para después desilusionar”, la cual “no tuvo el honor o el deshonor de ser fundada por un conquistador” sino que fue edificada por pescadores de perlas de Cubagua y Margarita en 1545.

En Entretejiendo la vida aborda un fenómeno reciente que ha cambiado el paisaje urbano de la llamada zona rosa de Riohacha, la Calle primera, donde los wayuu – “en un pedazo de malecón”-, exhiben y comercializan sus famosas artesanías. “Los indígenas con sus colores alegres, mezclados con ocre y marrón, dan vida a la cuadra”. Su presencia allí, nos informa, es resultado de la presión que ha ejercido la sociedad criolla sobre sus territorios y de la pobreza que atenaza y golpea a esta comunidad.

Y en Riohacha, la de ayer, la de hoy la sobrecoge la nostalgia por la ciudad vieja en la que los hombres vestían de saco y sombrero, las mujeres iban ataviadas con finos chales y en las casas se escuchaban valses y danzones.

Zona del riito, foto-Carlos Capela

Riohacha era entonces una villa apacible y tranquila cuyos habitantes se entregaban a la conversa cálida a la luz de la luna y los caimanes merodeaban a orillas del Ranchería. Fue por esos días  que se produjo una de las primeras oleadas migratorias y llegaron judíos sefarditas, holandeses, franceses, italianos, españoles, árabes, que se mezclaron “con indios bravos que no se sometieron” y negros fuertes “que cantaban a pesar de las dificultades”.               

 Estas tres piezas narrativas rastrean algunos de los hechos fundacionales que contribuyeron a configurar la fisonomía cultural de la Riohacha de hoy, la cual, a todas luces, es fruto de un intenso proceso de mestizaje y del contacto fluido con el Caribe insular.

La Riohacha mítica

Francisco El Hombre – Foto: Carlos Capela

Las otras tres crónicas del libro recrean la Riohacha mítica y legendaria, la de la Virgen de los Remedios, patrona indiscutida de la ciudad histórica, quien arrojó su corona salvadora y alejó las aguas embravecidas que amenazaban devorarla.  

Francisco el Hombre, documenta el origen de la leyenda que nombra y sustenta la música vallenata, esto es, la leyenda de Francisco Moscote -nacido “el 14 de abril de 1849 en el caserío llamado El Tablazo, adyacente al corregimiento de Galán, municipio de Riohacha”- quien derrotó al diablo en un duelo de acordeones y a partir de ese momento fue conocido como Francisco el Hombre.

Finalmente, la crónica titulada Los guerreros del carnaval exalta una de las particularidades de este festejo en Riohacha cuyos inicios se remontan a 1867: la tradición de Los embarradores y del baile que la acompaña: El Pilón, “un baile ancestral, nacido de la tradición popular”. 

LA OTRA RIOHACHA

Calle primera – Foto: Carlos Capela

El gran mérito de este libro de Hilda Lubo Gutiérrez es que pone al lector en contacto con varios de los elementos constitutivos de la llamada riohacheridad a través 6 crónicas escritas en un lenguaje limpio, depurado de ripios y ajeno a excesos retóricos. Pero además esta obra representa un aporte valioso a la escasa bibliografía que existe sobre Riohacha.

Ahora bien: como la misma autora reconoce,”…todo esto que evoco”, son “cosas que se esfumaron para nunca regresar” y que solo se pueden preservar si se amonedan en la memoria escrita, lo cual remite a un asunto capital, esto es, promover el conocimiento de esta tradición entre las nuevas generaciones de riohacheros que son hijos de los procesos migratorios que ha vivido la ciudad en los últimos 40 años, los cuales le han cambiado el rostro a la capital guajira, haciéndola más diversa y plural.

Es necesario entonces que la Riohacha histórica se abra a un diálogo con esa otra que mora sobre todo en las barriadas populares y que expresa una actitud de extrañamiento frente a sus más caras tradiciones por la razón simple de que no se siente participe de ellas. El libro de Lubo puede ser un primer paso en esa dirección.

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