Un Club gallístico el refugio de 140 familias venezolanas en Riohacha

66 niños la alegría del refugio

Un Club gallístico  el refugio de 140 familias venezolanas en Riohacha

Por: Betty Martínez Fajardo

Como todo en la vida hay momentos de momentos, que encuentras en el camino a esa persona que se convierte en tu ángel, así le sucedió a Edinson Paz, un venezolano que llegó a Riohacha, hace dos años y medio buscando como sobrevivir.

Ese ángel, es José María Pinedo, a quien cariñosamente llaman “Chema”,  un reconocido Gestor Cultural, que en cada carnaval  monta una caseta en la calle 3B con tercera 3, y cuyo espacio cedió a Edinson, para que se alojara allí con su esposa Liliana Balsa, y sus tres hijos de 17, 10 y 9 años.

En cualquier momento, Edinson y Liliana, de observar tantos coterráneos durmiendo en las calles, pasando hambre y sed, y sin posibilidades de conseguir trabajo, le propusieron a Chema que les permitiera albergar en el parqueadero a otras familias venezolanas, logrando una respuesta positiva a una solicitud que solo buscaba que sus hermanos al menos pudieran pasar una mejor noche.

Y así, en ese parqueadero, en esa caseta que hace parte de una amplia vivienda de una reconocida familia de Riohacha, y en donde también funcionó el club gallístico “Monche Castro”,  es hoy el refugio de 140 familias venezolanas que conviven bajo el mismo techo con unas normas de convivencia que intentan cumplir para pasar unos mejores días, y que la vida les sea más fácil lejos de su país Venezuela del que huyeron en busca de comida y trabajo.

En el refugio se aprecia el orden, y el respeto entre las familias que intentan seguir adelante, algunas ya han salido del sitio porque lograron conseguir trabajo, otras en tanto llegan buscando un techo donde pasar la noche.

Para Edinson y Liliana, quizá lo más difícil es rechazar a alguna familia que llega, porque simplemente ya no tienen espacio donde albergarlos, pero les piden que regresen porque posiblemente días después puedan ofrecerle ese pedacito para al menos gozar de un poco de calor humano y no de las frías calles de la ciudad.

Edinson, permanece en el refugio, asumiendo la responsabilidad de 140 familias,  se  han organizado de tal manera que lograron recientemente  el apoyo de la Acnur, y de otras instituciones quienes les llevaron  una jornada humanitaria  avanzando en su proceso de permanencia en el país, cumpliendo con los mínimos requisitos para poder acceder a la salud, educación y trabajo.

Su mediana estatura contrasta con la corpulencia de su cuerpo, se mueve de un lado a otro, como un buen papá verificando que todo esté en orden, es que no es fácil, dice Edinson, ejercer autoridad en una comunidad que sufre porque fueron expulsados de su país, y hoy gozan de una mediana tranquilidad muy a pesar que muchos de ellos siguen alejados de su familia.

En el parqueadero están todos, cuelgan hamacas, y tiran colchonetas al piso y se les da preferencia a los niños, a las mujeres embarazadas y a las personas de la tercera edad.

Se alimentan de manera colectiva, cada familia se rota para preparar los alimentos que compran entre todos, aportando de acuerdo a sus posibilidades, de esa misma manera cancelan los servicios, y mantienen el refugio que consideran una bendición del Todopoderoso.

La sonrisa de Liliana es la esperanza para quienes tocan la puerta del parqueadero buscando donde pasar la noche, trata en medio de tantas dificultades mantener a su familia unida, algo que no es fácil cuando están creciendo y requieren de su propio espacio, sin embargo, se han adaptado a ese nuevo estilo de vida.

“La esperanza no es que pasen los años y sigamos aquí, sino que sigamos surgiendo,  hay muchas familias que han estado aquí y ya no están,  ya consiguieron  una vivienda,  ya lograron una ayuda con Acción contra el Hambre,  y han salido, pero  otros llegan van llegando porque no se mantiene la misma gente”, contó Liliana, mirando como sus tres hijos se privan de muchas comodidades pero felices porque puede más el dolor de patria.

Los vecinos del sector poco a poco han entendido, que las familias venezolanas que Chema acogió en el parqueadero, son personas que llegaron huyendo del hambre, buscando una oportunidad de trabajo para sobrevivir.

En los primeros meses de estadía, recordó la pareja, se presentaron algunas dificultades con varias familias del sector por algunos desordenes que se generaban los fines de semana, especialmente los domingos cuando participaban de algunas actividades recreativas.

“Hay como 4 vecinos que le tienen idea  a los venezolanos,  nos juzgan como si fuéramos monstruos,  porque en verdad nos han enfrentado,  dos de ellos se han metido al parqueadero con pistola en mano  a amenazarnos,  nosotros no los agredimos, normal,  las quejas que hay,  que si  en la calle  pasa algo enseguida dicen los del parqueadero”, dijo.

Sin embargo, los venezolanos buscaron a los miembros de la Junta de Acción Comunal para ventilar la situación, lo que terminó generando una mejor convivencia, aunque no falta uno que otro que se sigue quejando.

Federico Sersale, Delegado de la Acnur, se entusiasma al observar como las 140 familias venezolanas, han logrado convivir en el refugio, respetando entre ellos las mínimas reglas de convivencia.

No se cansa de disfrutar de los 66 niños, que lloran y ríen a la vez, esas hermosas criaturas que juegan con lo que encuentran, que brincan, y piden un helado, y que duermen plácidamente en una colchoneta tirada en el piso.

La esperanza de esos niños, y la tenacidad de Edinson y Liliana, también lo motivaron  para lograr que otras instituciones como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, el Consejo Noruego de Refugiados, Unicef, Acción Contra El hambre, Save The Children, Malteser Internacional y el Sena, se unieran para llevarles una jornada humanitaria, en donde todos fueron atendidos pero a la vez demostraron que la unión hace la fuerza.

La pareja, sigue en la lucha porque no hay espacio para la desesperanza, hoy tienen un sitio donde pasar la noche y sobreviven en medio de las dificultades, esperanzados en que en algún momento podrán  regresar a casa unidos en familia, y agradecidos porque fueron acogidos por un ser que representa a esos miles de guajiros trabajadores y honestos, en una vivienda que nos habla de esas familias del ayer.

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