Pajaros de Verano

Foto: Mateo Contreras

José Vicente Cotes

Un indígena que es una biblioteca andante

Por: Lizeth Acosta

La historia del Palabrero, uno de los talentos naturales que los directores Cristina Gallego y Ciro Guerradescubrieron para su cuarto largometraje ‘Pájaros de verano’, que se estrena este jueves 2 de agosto en Colombia. 

José Vicente Cotes Ipuana interpreta a Peregrino, un personaje protagónico y detonante, que permite al espectador conocer sobre una de las más arraigadas tradiciones Wayúu: la del Palabrero, y quien en la historia es finalmente el que abre las puertas del infierno cuando el odio y la ambición superan el amor filial.

En la vida real José Vicente pertenece al clan Ipuana y su territorio ancestral es la comunidad indígena de El Pasito y aunque sus estudios llegan apenas al grado 7º, los primeros de ellos en el internado indígena de Aremasain, es una de esas ‘bibliotecas andantes’ y respetadas autoridades llamadas ‘Palabreros’.

“Jugamos un papel muy importante en las comunidades y tenemos una responsabilidad muy grande: llevar la palabra y lograr que las disputas se arreglen por medio de la conciliación, no dejar que enseguida las cosas se vayan a las malas. La legislación indígena tiene unos castigos con unas dotes, entonces por eso intentamos que el otro entienda y cuando quiere ‘marearse’ uno lo convence de que la guerra es mala cuando se gana y perdiéndola peor”, explica José Vicente.

En el año 1971, en plena época de la bonanza marimbera, se desempeñó como Inspector de Policía en el corregimiento de San Antonio de Pancho, municipio de Manaure en La Guajira, por lo que sin duda tuvo que ser testigo de lo que representó esto para la historia del departamento y del país entero.

“Eso no nos dejó nada, ruina. En ese entonces fue la ‘gallinita de los huevos de oro’ pero trajo mucha violencia. Yo siempre le digo a quien me pregunta que aquí en La Guajira hay que divulgar las cosas buenas pero también las malas. La bonanza fue una experiencia de la que aprendimos y hoy en la película de Cristina

“Jugamos un papel muy importante en las comunidades y tenemos una responsabilidad muy grande: llevar la palabra y lograr que las disputas se arreglen por medio de la conciliación, no dejar que enseguida las cosas se vayan a las malas. La legislación indígena tiene unos castigos con unas dotes, entonces por eso intentamos que el otro entienda y cuando quiere ‘marearse’ uno lo convence de que la guerra es mala cuando se gana y perdiéndola peor”, explica José Vicente.

En el año 1971, en plena época de la bonanza marimbera, se desempeñó como Inspector de Policía en el corregimiento de San Antonio de Pancho, municipio de Manaure en La Guajira, por lo que sin duda tuvo que ser testigo de lo que representó esto para la historia del departamento y del país entero.

“Eso no nos dejó nada, ruina. En ese entonces fue la ‘gallinita de los huevos de oro’ pero trajo mucha violencia. Yo siempre le digo a quien me pregunta que aquí en La Guajira hay que divulgar las cosas buenas pero también las malas. La bonanza fue una experiencia de la que aprendimos y hoy en la película de Cristina y Ciro se refleja

y Ciro se refleja mucho de lo que pasó, cosas que sucedieron en la vida real”.

José Vicente es un líder natural, como lo es su personaje de Peregrino en la cinta que tuvo su estreno a nivel mundial en la noche inaugural de la Quincena de Realizadores en el Festival Internacional de Cine de Cannes en el mes de mayo.

En varias ocasiones ha sido presidente de junta de acción comunal y formó parte del equipo que construyó el documento Anaa Akuai’pa, que sirvió para el proyecto etnoeducativo que busca fomentar la formación y atención integral de las poblaciones, incluyendo las etnias indígenas. La conservación de la identidad y el fortalecimiento de sus lenguas, son prioridad del proyecto.

“Nosotros, las autoridades y Palabreros, vemos mal que la lengua se esté perdiendo en las nuevas generaciones. Yo siempre he dicho que el que pierde la lengua es peligroso y si es Wayúu, tiene un clan y es abogado y no sabe la lengua se vuelve ladrón con la palabra, corrupto de verdad y eso nos preocupa bastante”.

Cuando se le interroga sobre cómo llegar a convertirse en Palabrero, explica: “El wayúu se apropia de lo que está viendo, por eso aprende en su comunidad, aunque desde niño se lleva la palabra como una cosa de la Madre Naturaleza que es la mejor juez. Muchos quieren ser Palabrero y a otros se les inculca. Sobre esto estamos trabajando, desde el 2012, con profesores de Anaa Akuai’pa en el que les inculcamos a los pelaos y ellos están aprendiendo”.

José Vicente reconoce que esta parte de su cultura se está protegiendo y conservando gracias a ‘los hermanos arijuna’ que están documentando sobre el tema. “Anteriormente los wayúu no escribíamos, aunque somos bibliotecas andantes, no escribíamos nada, somos egoístas en eso. A veces si tú no preguntas yo no lo digo y me voy para la urna, para el cementerio con lo que sé. El hermano del mundo civilizado ha sido un vocero en esa parte, guardando cosas que les van a servir a los que vienen detrás”.

Finalmente, sobre el trabajo de los actores “arijunas”, José Vicente destaca a Jose Acosta y a Natalia Reyes por el enorme esfuerzo por hacer creíble sus personajes de Rapayet y su esposa Zaida. “Aprendieron de la cultura de nosotros, del wayuunaiki, del baile de la chichimaya. En el encierro Natalia aprendió a tejer mochilas y a pintarse la cara como lo hace nuestra étnia, lo hizo igual”.

Actualmente José Vicente también forma parte de la Corporación Cultural Jayeechi (Cantos) que bajo su slogan de ‘Teatro con identidad Wayúu para el mundo’ realizó el montaje titulado Kanain Pain (Ten cuidado) que advierte sobre los peligros de la construcción de la vía férrea de la mina del Cerrejón a Puerto Bolívar, en La Guajira, montaje en el que participó

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