“Provisiones San Rafael”, la tienda de una barranquera que sobrevive en el tiempo.

“Provisiones San Rafael”, la tienda de una barranquera que sobrevive en el tiempo.

Por: Betty Martínez Fajardo

Es una mujer feliz a pesar de seguir cargando la ausencia de su hijo, asesinado hace 21 años en el municipio de Barrancas. Hoy doña Gala Peralta de López, sigue aferrada a una de las pocas tiendas de las de antes que quedan en esa localidad del sur de La Guajira.

A sus 85 años, sigue mostrando esa inmensa ternura que siempre entregó  a sus hijos y nietos. Por eso sus días son tranquilos, en algunas oportunidades nostálgicas, y en otras ocasiones recordando a su abuela, Gilma Iguarán, esa persona que la crio, y que a pesar de esos olvidos naturales por la vejez,  la sigue llamando.

Doña Gala sigue viviendo donde siempre, en la tienda del pueblo “Provisiones San Rafael”, que hoy la atiende su hija Gloria, y que no la cierra para que su mamá esté tranquila, a pesar que venden muy poco.

Cincuenta y cinco años cumplió la tienda del pueblo, y es testigo fiel de toda la ayuda que brindaron los esposos López Peralta, la lista del fiado era larga, y hasta plata prestaron a muchos que llegaron buscando cierta ayuda económica.

Los barranqueros encontraban de todo en “Provisiones San Rafael”, muchos amores se tropezaron alrededor de ese sitio que se mantiene con vida a pesar de la competencia por los nuevos negocios que personas de otros lugares han montado, ofreciendo diversos productos.

Doña Gala, es una mujer robusta, de mirada tranquila, de una voz suave que llama a la conciliación, es una persona creyente, por eso tal vez, no cobró venganza por el asesinato de su hijo Luis López Peralta, en febrero de 1997, para esa época concejal y aspirante a la alcaldía. Ella confiesa que el tiempo fue su mejor aliado, y que el Todopoderoso pone cada cosa en su lugar en el momento indicado.

La tienda fue su refugio, allí en medio de la tristeza y la desesperanza, siguió batallando para seguir viviendo, pero también junto a su esposo, Álvaro López Acosta,  terminaron de levantar un hogar unido, que les permitió seguir en el camino de la esperanza.

Siente inmenso amor por sus nietos, son como sus hijos, relata Doña Gala, no hay diferencias, y prefiere no acordarse de los años que cumple.

Hace diez años, murió Álvaro, su esposo, su compañero de la vida, juntos criaron a sus hijos, Álvaro, Alvenis, William, Luis, y Gloria, a quienes inculcaron amor por el trabajo, respeto por los demás, y responsabilidad y honestidad en cada acción del día a día.

La pérdida de su esposo nuevamente la enlutó, y la tienda como siempre fue el abrigo donde encontró un poco de tranquilidad, a pesar que los años le decían que nada era igual.

Gloria su hija, se regresó de Bogotá para cuidar de su mamá, dice que la gente en el pueblo la quiere mucho, y aún recuerdan los años dorados de la tienda, de esos tiempos que no regresarán.

Doña Gala, asiste todos los domingos a misa, es devota del Señor de Los Milagros, de San Rafael y de la Virgen del Pilar. Es una mujer sumamente creyente, y eso tal vez, como ella misma expresa le ha permitido sobreponerse al dolor.

“A mi me ha tocado vivir con ella todo su duelo, ella ha olvidado muchas cosas,  yo le doy gracias a Dios porque Gala pudo olvidar todo ese pasado, en una mujer nueva, renovada, ella no sabe nada, ella está feliz desconectada de cuanta situación pueda haber, ella está tranquila por ese solo hecho le doy gracias Dios de tenerla viva, de tenerla bien que esté disfrutando, ella era una mujer muy trabajadora”, relató su hija Gloría, que decidió cuidarla, mientras que al tiempo su única hija se encuentra en Santiago de Chile con sus tres nietos esperando su visita que por ahora no podrá complacerla.

Ángel, uno de sus nietos, asegura que su abuela es fuera de serie, siempre estuvo allí para todos, es una mujer desprendida, y por eso a pesar de perder a dos de sus amores es una mujer feliz.

La tienda para los hijos, nietos y  bisnietos de Doña Gala, es un lugar especial, allí llegan todos a brindarle su cariño, y a reconocerle su entrega y dedicación, ella es el motor de ese sitio que permanece abierto mientras esté viva.

“Dios me puso aquí en el momento indicado, me siento feliz y tranquila quisiera ir a visitar a mi hija y mis nietos, pero todo tiene su momento,  tengo una misión que cumplir Dios es el que sabe, estoy aquí cuidando a mi madre en esta tienda que es su sitio preferido”, relató Gloria, abrazando con inmensa ternura a Doña Gala, que sigue disfrutando de los recuerdos como una manera de continuar con vida a pesar que a veces se pierde en el camino.

 

 

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