Riohacha, entre el desempleo y la esperanza

Foto: Betty Martínez Fajardo

Riohacha, entre el desempleo y la esperanza

Por. Erlin Melo – Estudiante de Comunicación Social – UNAD

Recientemente el Departamento Nacional de Estadística -DANE-,  entre los miles de datos que arrojan a una sociedad cada vez más desconsolada, mostraba cómo la capital de la Guajira se situaba como la menos competitiva de 23 ciudades analizadas en todo el país con un porcentaje del 2.7%, la misma tendencia se marca cuando se miran los datos de desempleo; el primer trimestre del año arrojó un 14.5% mientras que el nacional se sitúa en el 11.9%.

Esto sumado a que, en el Índice Departamental de Competitividad de las instituciones gubernamentales, La Guajira, según datos del centro de pensamiento Guajira 360° no solo ocupó el último lugar, sino que descendió 0.58 puntos, con un porcentaje del 2.78% mientras que en el 2016 se situaba de 25 entre 26 analizadas con un 3.56%, esto muestra cómo las instituciones y gobernantes que son claves para el avance de la sociedad retrasan la rueda del desarrollo, ya sea porque, o no han entendido el valor de la correcta ejecución de sus funciones en la sociedad, o les es indiferente lo que suceda en el municipio, los motivos que puedan dar realmente son indiferentes en estos momentos.

Estos datos preocupan a una sociedad que tal pareciera se estuviera acostumbrando a bajar cada vez más los índices que deberían subir.

Mientras que en las calles se respira un aire fresco, la ciudadanía no reacciona, espera pasiva a que desde las oficinas gubernamentales se solucionen todos sus problemas, ese es quizás el principal problema de la comunidad Guajira, la pasividad.

Arturo, un hombre fornido de manos fuertes, llenas de marcas que muestran lo duro que ha sido su vida, cuenta desde su puesto de jugos en pleno centro de la ciudad como ve pasar cada día a las personas con papales en sus manos en dirección a la alcaldía municipal, el más que nadie sabe lo difícil que es; profesional de la ingeniería pero que nunca pudo ejercer, ya perdió la esperanza, cuenta como la vida en la ciudad se ha hecho cada vez más difícil, aún la bien conocida frase “Riohacha es la única ciudad de Colombia donde se puede comer con mil pesos” siente que ha pasado a la historia, cada vez hay menos empleo y la canasta familiar sube más y más de precio, para él, lo que antes compraba en el mercado público con $200.000 para él, su hija y su esposa ya no alcanza.

El caso de Arturo es de miles en la ciudad. La inflación hace que cada vez se necesite más dinero para comprar lo mismo; en las calles se ven rostros preocupados, desolados, personas que caminan porque deben, buscan, pero no encuentran, y sus pasos inevitablemente los llevan a la tristeza, pero todo acaba el viernes. Desde las seis de la tarde el ánimo vuelve y los que antes caminaban con la mirada perdida, ahora andan con lo mejor del guarda ropa. salen a beber, rumbear y gozar, porque como popularmente se dice, la vida es una y hay que gozarla…

O por lo menos hasta que sea lunes y haya que salir a buscar trabajo para comer y pagar las cervezas del fin de semana.

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