Diana González, una bumanguesa con alma de vallenato

El acordeón es su vida

Diana González una bumanguesa con alma de vallenato

Por: Betty Martínez Fajardo

 Su menuda figura contrasta con la fuerza del amor que siente por su compañero de siempre, el acordeón. Diana González pasó unos días en La Guajira, y participó en Riohacha en el foro concierto “la mujer en el vallenato” que calificó como un día maravilloso y mágico.

Lleva 22 años dedicada a la música. Inició a los 8 años tocando violín en la ciudad de Bucaramanga de donde es oriunda en una academia clásica con un profesor polaco. También aprendió a bailar Ballet.

Con el tiempo empezó a darse cuenta que se sentía incomoda estudiando violín, le parecía una escuela demasiado estricta y académica, y psicológicamente no estaba preparada para esa disciplina tan rígida que le imponía el profesor polaco.

A los 12 años, tomó la decisión en ese momento más trascendental porque resolvió hacer un pare, para buscar música de su país que la llenara un poco más.

Un día cualquiera, en la ciudad que la vio nacer, Bucaramanga, se encontró en una feria a un señor que hoy no logra recordar su nombre, pero si su figura, porque llevaba consigo el instrumento que la enamoró, el acordeón, le parecía increíble como lo tenía en su pecho y la forma de abrirlo y cerrarlo.

Justo en ese momento, entendió muy al interior de su ser que encontró lo que estaba buscando, sin embargo,  emprendió otra lucha, conquistar el apoyo de su papá que soñaba con verla convertida en una afamada violinista.

Entre ires y venires sus padres entendieron a la pequeña Diana, y empezó entonces a recibir clases de acordeón en su ciudad natal, pasó un año aprendiendo, pero pronto se dio cuenta que algo no la llenaba musicalmente. Emprende entonces otra aventura de la mano de sus padres,  y los convence para llegar hasta Valledupar  para averiguar cada momento de la música vallenata, quienes la representan, como habla su gente, que pasaba en la vida de esas personas.

En la escuela del Turco Gil en Valledupar, encontró lo que estaba buscando. En las vacaciones de enero, junio y julio, durante cuatro años estudió  el acordeón, pero también asistió  a los festivales, lo que la familiarizo con la música tradicional el merengue, el paseo, el son y la puya.

Con el tiempo se dio cuenta que la música vallenata tradicional era lo suyo, lleva catorce años estudiándola, y creó un poco más de carácter. Llora con las composiciones, y vibra con cada interpretación.

A los 18 años, ingresó a la Universidad Javeriana en Bogotá a la facultad de música, sentía la suficiente madurez para avanzar en lo que considera un estilo de vida. Cursa séptimo semestre de composición con un alto rendimiento académico.

La academia le enseñó el valor del arte en su máxima expresión, siente infinito respeto por lo que hace, y encuentra en el folclor algo mágico que le brinda a su diario vivir.

Su momento en Riohacha

El acordeón es el fiel compañero de Diana, lo coloca entre su pecho y con sus cortos dedos acaricia el teclado para expresar ese sentimiento profundo que le invade el alma por la magia de la música vallenata.

Conquistó el corazón de un público, que disfrutó plenamente de la forma como interpretó con su pedazo de acordeón esas hermosas composiciones que le cantan a la mujer, a la vida, a la naturaleza, y que transciende al sentimiento del amor.

Recuerda cada momento del foro concierto “La mujer en el vallenato”, de una santandereana tocando acordeón en Riohacha, dejando a un lado ciertos tabúes en una región donde el acordeón es del dominio del hombre,

Compartió escenario con seis mujeres todas distintas, pero con algo en común el amor por la música vallenata tradicional. Allí se encontró con la compositora Rita Fernández, a quien considera su ídolo, dice que es un tesoro vivo que se debe valorar.

El año pasado, fue la ganadora del primer festival vallenato de mujeres que se realiza en la ciudad de Valledupar, en la categoría de canción inédita con el tema “Viejo amor del Valle”.

La actuación

Por esas cosas de la vida, llegó a la actuación. Pronto su figura estará en la pantalla chica interpretando a Maribel Cortina, acordeonera de la cantante Patricia Teheran, ya fallecida. Dedica  horas y horas al personaje, es tal su compromiso que se cortó el cabello para demostrar con lujo de competencia porque fue escogida.

Diana sigue cosechando triunfos de la mano de su familia. Para ella el arte es de disciplina, de constancia, no es para cuando se quiera sino para cuando se esté preparado.

Riohacha 23 de marzo de 2017

Fotos: Betty Martínez Fajardo

 

 

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